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La Coctelera

Diario de traduccioneZ

Centro de análisis del hechicero Akiro, desde su cabaña en Cimmeria

1 Agosto 2006

A quienes quieran saber sobre Fidel

Belén Gopegui

Este artículo, me dijeron, aparecería con uno de Raúl Rivero, de la misma extensión, y con un cómic escrito por Rivero. Pregunté si podían reproducir también fragmentos de un cómic sobre Fidel escrito por Néstor Kohan, para equilibrar. Imposible, el tiempo... Lo esperaba. En este periódico la mayoría de las informaciones sobre Cuba siguen una línea editorial contraria a los principios de la revolución cubana, línea que comparten los grandes grupos mediáticos. Artículos como éste cumplen un controvertido papel, pues aun siendo garantía de que se publican opiniones diferentes, poco pueden hacer a título de excepción y en un contexto no equilibrado.

Recientemente un periódico nacional de gran tirada se ha negado a publicar al filósofo italiano Gianni Vattimo, de quien ese periódico había publicado numerosos artículos en el pasado. Vattimo manifestaba admiración por la revolución cubana y decía, entre otras cosas, que difícilmente "un italiano de buena fe, incluso ingenuo, puede de veras sentirse en Cuba como representante de una democracia mejor y más libre que la de Fidel". El artículo, publicado en "La Stampa", está en la Red. En nuestro país hay periódicos que ni siquiera para legitimarse un poco se arriesgan a publicar la otra versión.

Algunas personas piensan que quienes hablamos bien de Cuba no nos informamos. Qué equivocadas están, tenemos que informarnos más, porque tenemos que discutir más. Leemos, por ejemplo, a los autores que evocan La Habana culta y maravillosa anterior a la revolución. Lo peor no es que escamoteen el dato de para cuántos era maravillosa, es que ni se les ocurre pensar en él, a la manera de una conocida columnista quien ha escrito: "Propongo un boicoteo: no volvamos a beber un vino francés". Como ellos beben vino francés, deducen que el país entero lo bebe. ¿A esa forma de razonar tenemos que acudir para informarnos? ¿A los autores que casualmente callan sobre el documento que Estados Unidos acaba de hacer público en donde se combina el soborno con medidas secretas para "acelerar" el fin de la revolución? Si alguien quiere saber sobre Fidel que no busque en esos artículos, ni en éste de 600 palabras, que acuda a libros documentados, rigurosos, a los medios alternativos o al cómic citado, "Fidel Castro", en la colección clásica "Para Principiantes".

La pregunta es para qué necesita alguien saber lo que pasa en una revolución. En muchos lugares de Latinoamérica el nombre de Fidel "condensa las aspiraciones, las resistencias y los sueños rebeldes de numerosos pueblos". En Europa millones de personas no beben vino francés, tienen miedo en el trabajo, en el horizonte ven un callejón sin salida. La mayoría no lee magazines ni crea opinión, aunque sí necesita saber. Otras personas, con un horizonte más despejado, estudiamos la revolución cubana desde la convicción de que este planeta sólo saldrá de la prehistoria cuando el interés y el beneficio privados dejen de ser el motor de la economía.

¿Recuerdan ustedes canciones como "Yo pisaré las calles nuevamente", "Grándola vila morena", "Santa Bárbara bendita, patrona de los mineros"? ¿Se emocionan al oírlas? A veces la emoción es más que un juego sentimental. A veces es el anhelo de una vida común, justa y posible. En el cómic argentino una viñeta muestra a un soldado con un arma, el texto dice: "Hay que bloquear Cuba, aislarla e invadirla". Así ha querido hacerse con todo impulso revolucionario. No son los 80 años de vida de Fidel lo que irrita a los poderosos. Es que a sus 80 años se mantenga leal y contribuya a hacer posibles los principios que a ellos, cuando suena la música, aún les emocionan.

Nota de www.rebelión.org :
Este texto fue publicado en el magazine dominical del diario español El Mundo el pasado 30 de julio. En contra de lo entendido por la autora, como señala al principio de su artículo, de que los textos de Raúl Rivero y de Belén Gopegui tendrían una extensión similar, el del anticastrista ocupa dos tercios de páginas y el de la escritora española, un tercio. El segundo, además, con un cuerpo de letra menor. A ello, se le añade que el cómic ocupa seis páginas completas sin que se considerara oportuno reproducir otro propuesto por Belén Gopegui. El titular del especial es el de Raúl Rivero mientras que en la web, el texto de Gopegui, ni titular tiene.

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Nico

Nico dijo

Reflexiones: Teoría de lo social

Leí hace tiempo en un diario nacional un artículo de una tal Belén Gopegui, defendiendo a Fidel Castro y a su corrupto régimen en su 80 cumpleaños (“A quienes quieran saber sobre Fidel”, MAGAZINE de EL MUNDO, 30 de julio de 2006) con el argumento banal de que las demás personas no nos percatamos de la verdad como ella, que “tiene un horizonte más despejado” que los que no pensamos de esa manera. Porque ella ha estudiado la revolución cubana –sigue argumentando- “desde la convicción de que este planeta sólo saldrá de la prehistoria cuando el interés y el beneficio privado dejen de ser el motor de la economía”, cito textualmente. Toma del frasco carrasco. El tan manoseado argumento ese del beneficio privado por parte de la izquierda cavernícola para achacar a él todos los males de la humanidad, contraponiendo el mismo al supuesto beneficio público, que sería la panacea que nos sacaría de la prehistoria, no resiste un análisis de cierto rigor. Veamos donde está la trampa, pues por lo pronto, Cuba sigue en la prehistoria después de 50 años de régimen supuestamente orientado al beneficio público.
Para empezar, el beneficio privado como ella lo denomina, es simplemente el beneficio que cada persona busca para sí, por propia naturaleza humana. Y no sólo humana sino también animal, pues todos los seres vivos del planeta sin excepción, se mueven buscando única y exclusivamente su beneficio. Es decir, que el motor que los mueve es la búsqueda del máximo beneficio propio y, además, con el mínimo esfuerzo posible. Y esto no por nada, sino por ley de economía universal y natural y por instinto de supervivencia. Por lo tanto no es nada grave el pretender querer moverse buscando cada uno, en su libre albedrío, el beneficio propio y natural. Y estoy seguro de que el propio Fidel Castro, que es un ser vivo como otro cualquiera, se mueve guiado por los mismos instintos naturales que todas las demás personas, incluidas los de la isla a la que subyuga.

Dicho esto, podríamos decir sin temor a equivocarnos, que cuando cualquier dictador de cualquier época de la humanidad pasada, presente o futura, entre los cuales se encuentra sin duda el Sr. Castro, actúa para lograr supuestamente un beneficio público, lo hace guiado simplemente por sus deseos particulares, es decir, por sus instintos naturales y propios, que él confunde con beneficios públicos, aunque no por eso menos privados. Es decir, que estaría dando satisfacción a instintos privados de megalomanía y grandeza, amén de poder, riqueza y privilegios especiales sobre el resto de los mortales. Algo natural en el ser humano que intenta así obtener su beneficio propio, beneficio que puede variar de un ser a otro. A unos les pueden gustar las patatas fritas y a otros la tortilla de patatas, pero todos intentarán obtener aquello que más les satisface. Como denominador común, casi todos los mortales quisiéramos dinero en abundancia, reconocimiento y poder, incluso el Sr. Castro. O, ¿acaso alguien se atreve a decir, con seriedad, que este señor no se mueve guiado por la consecución de unos beneficios suyos y solo suyos y por tanto privados? A lo mejor alguien me quiere convencer de que este tipo se mueve por ideales de beneficio público… teniendo a cientos de presos políticos en las cárceles, a miles de exiliados en Miami y, al pueblo al que beneficiar, pasando miserias desde hace décadas, incluido el asesinato y la tortura de miles de personas. Extraño beneficio público sería ese, por cierto.

Hace ya miles de años que la humanidad intenta estructurarse para su mejor convivencia siguiendo unas normas que le permitan, teóricamente, obtener este máximo beneficio para todos sus ciudadanos. Así pues, los hombres forman núcleos, que se estructuran en sociedades, que derivan en estados, que legislan y elaboran normas de obligado cumplimiento, para poner freno al desenfreno que supondría que los intereses privados de unos pocos, pudieran pisotear o resultar en menoscabo de los intereses de una mayoría. Esto es de Catón, porque es la historia de la humanidad, y ha dado como consecuencia el progreso social que ha supuesto una mejora de la calidad de vida de las mayorías sociales de los diversos países y, por cierto, su consecución actual ha sido el resultado de no pocos avatares y guerras, con mucho derramamiento de sangre por medio, como todos sabemos, a lo largo de todas las épocas. Pero bien es sabido también, que no todas las sociedades han logrado alcanzar el mismo grado de bienestar, sino que en función del régimen o legislación imperante en cada núcleo social derivado en país, nación o estado, hay un nivel diferenciador a veces importante. Nadie puede afirmar honestamente, que no hay el mismo nivel de vida y de consecución de beneficio social en las sociedades occidentales en general, que en los países de corte islámica, por poner un ejemplo, sin menospreciar en absoluto a esta religión y a sus seguidores. Y, nadie puede negar tampoco, que hay un denominador común entre las sociedades que mayor grado de bienestar social han conseguido actualmente en la humanidad: algo que se llama democracia que, con todas sus imperfecciones y defectos, es la menos mala de todas las estructuras sociales actuales. ¿Por qué? Pues simple y llanamente porque es la que mayor grado de beneficio social ha logrado allá donde está implantada, en comparación con aquellos lugares donde no lo está. Naturalmente con todos los defectos, injusticias y desequilibrios que existen dentro de estas sociedades que, insisto, no por ello dejan de ser las menos malas de entre todas.

Llegado a este punto alguien podría decir que la sociedad cubana, sin ser una democracia, es muy próspera y que cuenta con grandes beneficios sociales, mayores que los de la sociedad norteamericana, por ejemplo. Pero este argumento se cae de su peso como un lingote de plomo, cuando se analizan los indicadores económicos, que son los que realmente miden el beneficio social de una población, pues estos son muy inferiores al de cualquier sociedad occidental democrática. Aun así, se podría seguir argumentando, diciendo por ejemplo, que no todos los beneficios han de ser económicos, sino que habría otros no materiales, de cualquier tipo, que abundarían en la isla. Pues bien, aún supuesto esto, les faltaría el beneficio más importante de todos, sin el cual todos los demás son agua de borrajas y carecen de sentido: la libertad de las personas.

La libertad de las personas para hacer y deshacer en su propio beneficio es lo que caracteriza a las sociedades democráticas respecto a casi todas las demás y, por supuesto, a la cubana. Si un ser humano no tiene libertad, no tiene nada, pues no es dueño de su libre albedrío que le es innato por naturaleza. Y aquí radica la primera diferencia importante entre las sociedades libres y las que no lo son: una cosa es legislar para que todos nos comportemos según unos cánones de conducta con respecto a los demás, pero permitiendo libertad de acción de las personas y, otra bien distinta, legislar lo mismo, pero coartando esa libertad. O, dicho de otra manera, una cosa es que todos los partícipes de la sociedad se abroguen el derecho a legislar entre todos, para darse una normas de convivencia, por medio de gobiernos democráticamente elegidos y, otra cosa, es que una sola persona o grupo, es decir, el dictador de turno y su camarilla de allegados, se otorgue el derecho de creerse un iluminado que sabe lo que tiene que legislar para que todos los demás convivamos cojonudamente. Porque en este caso, lo más probable, porque la historia lo demuestra así, es que el tal iluminado no tenga más luces que las de cualquier mortal porque está sometido a los mismos instintos y ambiciones por los que nos movemos todos los seres humanos, que solo buscamos satisfacer nuestro beneficio privado, santos y héroes legendarios aparte.

Por tanto, toda esa historia de beneficio público contra beneficio privado, no es más que otro de los camelos que se inventó la izquierda hace tiempo y que forma parte del templo sacrosanto donde conservan las reliquias sagradas de la progresía, que un ejército de sectarios, guardan como oro en paño, cual si fueran los restos sagrados de la santa cruz, porque constituyen la base de su fe. Fe que, por cierto, fue desmontada hace ya varios años, cuando cayó el muro de Berlín, aunque muchos sigan aferrados, como lapas, a la misma, porque son como aquella estatua a la que le quitan de repente el pedestal y no sabe a donde agarrarse para no caerse con todo el equipo. Toda la vida ahí subidos y ahora, de pronto, el vacío bajo los pies. Pudo tener un cierto sentido un día cuando un tal Marx saltó a la palestra y encandiló a muchos que estaban realmente buscando una sociedad mejor. Pero hoy en día, después de lo que hemos visto en el siglo pasado, carece de tal y es sólo una patraña para engatusar a los incautos. Porque vamos a ver: ¿Qué pretendía supuestamente Hitler cuando empezó a invadir países y a matar judíos, sino el beneficio público, es decir, el beneficio para Alemania con sus alemanes? Y, ¿qué pretendían Stalin y Lenin con toda esa monserga de la revolución, que luego ha sido explotada por la misma izquierda durante años, y que siguen explotando los defensores del régimen dictatorial de Castro, sino el beneficio público del pueblo ruso? Pero, ¿alguno de estos tipos logró realmente el beneficio público que pretendían? Muy al contrario, solo la desolación, el asesinato y la ruina de millones de personas. Por otra parte, ¿qué es eso de una revolución sino dejar las cosas como están pero al revés, es decir, lo que estaba arriba ahora está abajo y a la inversa, o lo que es lo mismo, tú te quitas que me pongo yo? Lo otro sería la evolución, aquello que nos permite mejorar día a día y que es lo que habría que preconizar en cualquier caso.

Estos personajes citados y muchos más que hay y ha habido, algunos de ellos incluso camuflados dentro de las democracias actuales, están cortados por el mismo patrón. Están satisfaciendo sus instinto primarios, su ambición personal y por tanto su ambición privada como todo mortal desea hacer en el fondo. Pero lo hacen con tal habilidad y disimulo, que consiguen engañarse a sí mismos y a un montón de incautos a los que hacen creer con su discurso grandilocuente, que su actuación es para el beneficio público. Y, además, y esto es lo grave y la diferencia con respecto a las democracias, que lo hacen sin que nadie les controle en su afán. Porque entonces surge la pregunta: ¿como pararles los pies si están equivocados? En una democracia, al menos cada cierto tiempo se tiene la oportunidad de quitar al gobernante de turno si no lo hace bien o si se piensa que está equivocado. Y las personas son libres, aunque tendrán que aceptar una normas de convivencia, impuestas entre todos, que pongan freno a los abusos de unos respecto a otros. Pero en la dictadura cubana, ¿quien controla al gobernante? ¿Él se controla a sí mismo? ¿Acaso es Dios para gobernarse a sí mismo y estar por encima de los demás? ¿Quien, sino un insano mental, puede creer hoy en día que los salvapatrias sin control, se llamen Castro, King IL II, o Sadam Hussein pueden hacer prosperar a un país o sacar a la humanidad de la prehistoria? Se harán prosperar en todo caso a sí mismos y a unos cuantos fieles que los apoyan en su carrera, a cambio de ciertos beneficios y privilegios. El resto, permanecen por siempre en la ignorancia y, las más de las veces, en la miseria.

Es decir, que para salir de la prehistoria en que se encuentra la humanidad no hay más remedio que seguir haciendo lo que siempre ha sido habitual por naturaleza en el universo: potenciar la diferenciación y la competencia. Esto es ley de vida y, gracias a esto, todo vive y se mueve y eso ya lo descubrió Darwin hace mucho tiempo, cuando dijo que las especies animales evolucionan gracias a que son distintas unas de otras. Está claro que hay individuos mejor preparados que otros para sobrevivir y estos son los que sobresalen y hacen de motor del cambio y del crecimiento, es decir, de la evolución. Pretender que todos somos iguales es una aberración, puesto que la igualdad no existe en la naturaleza. Si la igualdad existiera, todo estaría parado y no habría movimiento, no habría nada, ni vida siquiera, no existiría el universo. Incluso desde el punto de vista científico, de la termodinámica, se demuestra que dos fuentes de energía a la misma temperatura no son capaces de generar ningún trabajo y la igualdad energética supone la máxima entropía, es decir, el máximo desorden, el caos, la nada.

La única igualdad que debe existir en las sociedades actuales es la igualdad de oportunidades, esto es, que todos tengan la misma chance de conseguir aquellos beneficios sociales de los que disfrutar. Pero esto no quiere decir que todos tengan que ser iguales por decreto, pues unos estarán más capacitados que otros para lograr su meta, en función de su preparación genética y adquirida. Es como una carrera de natación. Los nadadores saltan al agua al mismo tiempo y con las mismas oportunidades, pero unos llegarán antes que otros a la meta, justamente los mejor preparados. Si algún dictador pretendiera que todos los nadadores tenían que llegar al mismo tiempo a la meta, en función de la ley de igualdad, se encontraría con que habría que ajustar el ritmo de la carrera al más lento de los nadadores. O, lo que es lo mismo, que el más rápido tendría que frenar su marcha para permitir al lento llegar a tiempo. ¿No sería esto absurdo? A la siguiente vez, todo el mundo querría participar en la carrera y, con el tiempo, se apuntarían incluso los más torpes y sin preparación de ningún tipo, sabiendo que al final la recompensa iba a ser igual para todos. De esta forma, la evolución en la natación no se produciría nunca, y el record del mundo de los cien metros libres estaría cada año mas atrás, y los buenos nadadores, los que se esforzaron de verdad, dejarían de hacerlo, pues no les serviría para nada, ya que al final siempre estarían obligados a ajustar su ritmo al de los más torpes. ¿Dónde está el beneficio ahí, y quien se beneficia de qué? ¿Acaso todos han de ser ganadores? ¿Cómo es esto posible, si en la naturaleza, que nos debe guiar con su ejemplo, sólo son ganadores los mejores?

Por lo tanto, la igualdad nunca podrá ser motor de nada, aunque eso sea justamente lo que pregonan los seguidores de Castro y sus voceros de la progresía oficial de la izquierda en los países occidentales. Pretender que una dictadura igualitaria es capaz de crear alguna riqueza fuera de la propia de supervivencia, es de ilusos, como se ha visto a lo largo de los regímenes comunistas y socialistas de la historia. Pero eso sí, una política de este tipo da muchos votos al que la pregona, porque al personal, en el fondo, lo que le gustaría es precisamente eso: tener muchos beneficios sin dar ni golpe, lo que es inherente al ser humano perezoso por naturaleza
La igualdad es absurda, el gran engaño de la izquierda ¿Qué creen que pasaría si de repente todo el mundo fuera millonario y quisiera tener grandes coches y grandes mansiones? ¿Qué obreros se iban a dedicar a fabricar esos coches? ¿Qué albañiles iban construir las grandes mansiones donde querríamos vivir todos? ¿Qué empleados de hotel iban a atender a los millones de turistas de lujo repentinos? ¿Quién iba a recoger las cosechas de trigo? ¿Quien iba a atender el horno en la fabrica de pan para comer? Si recompensas a la gente mucho más de lo que se merece por su esfuerzo, al final nadie trabaja y, además, te cargas el presupuesto público en tres días.

En todo caso, en las sociedades democráticas modernas, hay que proteger a los mas desfavorecidos, a los que realmente no tienen medios para competir en la carrera, como los ancianos, los niños, los inválidos y los enfermos. Y para eso habrá que arbitrar mecanismos estatales y sociales que sean capaces de regular estas ayudas, pero de forma racional, sin que se presten a abusos y sometidas a las leyes estrictas de la democracia. Y, naturalmente, para que haya riqueza y beneficios para repartir entre los mas desfavorecidos, lo primero de todo es que exista riqueza. Y para que esta exista hay que crearla con un motor adecuado. Ha de haber un motor económico convenientemente diseñado y funcionando, y esto no lo hará nunca la política de repartos de una dictadura socialista ni comunista, es decir igualitaria, por mucho que se disfrace de cosa pública. Solo lo hará la iniciativa privada, buscando precisamente su propio beneficio, que luego repercutirá en la sociedad en forma de impuestos y de creación de empleo, que es la verdadera riqueza, ya que el trabajo para todos es lo único que asegura la convivencia en paz y una calidad de vida media aceptable para la mayoría. Porque, pretender repartir lo que no hay, es cosa de bobos y repartir lo que hay ahora sin crear más para el futuro, es pan para hoy y hambre para mañana. O sea, miseria, que es lo que está sufriendo el pueblo cubano desde hace años. Y mucho más lejos, aunque parecido, lo que nos toca sufrir a los estoicos ciudadanos de las democracias europeas, periódicamente, durante los años que toca socialismo, donde se gasta y dilapida corruptamente la riqueza que crea la derecha durante los años que toca liberalismo.

Y, los que no pertenecen a las clases más desfavorecidas a que me he referido antes, pero que se dicen de izquierdas y suelen ser progres de salón, que nos ladran cada dos por tres que en el mundo no hay igualdad, ni justicia, ni paz, que se espabilen y trabajen para hacer progresar al mundo de verdad. Pero que no nos cuenten milongas para disfrazar su incompetencia de nadadores de pelotón. Y que no hagan demagogia apoyando a dictadores tercermundistas, simplemente, porque no encuentran el pedestal en que se encontraban subidos hasta hace unos años y nos lo quieren seguir vendiendo como algo imprescindible. Y, si se creen tan idealistas, buscando el bien de todos mediante la igualdad, que repartan lo que tienen para empezar dando ejemplo y no nos tomen el pelo a los demás, que somos adultos que hace tiempo pusimos los pies en el suelo.

Somos muchos los que hace tiempo comprendimos que el esfuerzo personal y el mérito propio son lo único que de verdad puede hacer progresar una sociedad, no el reparto de limosnas ni prebendas entre adeptos al régimen progresista. Como es típico en la izquierda actual, que todo lo que toca lo corrompe, también ha corrompido el lenguaje y llaman progreso al retroceso y progresar a vivir del presupuesto público. Muchas veces su incompetencia no les permite competir en igualdad de condiciones, y sólo con favoritismos de los políticos a los que luego apoyan en sus campañas electorales logran ellos progresar. La progresía la forman los que se dedican a esto, que encima nos quieren dar lecciones de moral a los que no pensamos como ellos -y que por eso nos tachan de fachas- defendiendo regímenes totalitarios y dictatoriales como el de Fidel Castro.

Vamos que, a otro perro con el hueso ese, de que el comunismo de Fidel Castro es el motor para sacar a la humanidad de la prehistoria. Porque para prehistoria, solo hay que mirar el retrato del viejo comandante con su uniforme verde de tiranosaurio antediluviano. Que sólo liberará al pueblo cubano de la caverna en que lo encerró, el día que él mismo desaparezca con sus charreteras y su pistola.

15 Marzo 2009 | 08:03 PM

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"El totalitarismo se ha expandido por doquier en la medida en que la estructura supranacional impone su ley a las naciones. Existe una superestructura no democrática que da las órdenes, sanciona, fija embargos, bombardea y mata de hambre. El totalitarismo financiero ha sometido a los poderes políticos. El totalitarismo es frío. No conoce de sentimientos ni piedades. Es preciso subrayar que no podemos resistir frente a un banco, y sin embargo se puede salir de cualquier dictadura política" -Alexander Zinoviev- ----------------------------------------------------------------------------------- "SI NO SOIS SUSPICACES LOS PERIODICOS LOGRARAN QUE ODIEIS A LOS OPRIMIDOS Y AMEIS A LOS OPRESORES" - Malcolm X (1964) ----------------------------------------------------------------------------------- "Por tanto, este problema requiere un nuevo equilibrio internacional. Un nuevo orden económico y político mundial. ¿Cómo se resuelve sin pérdida de la capacidad de acumulación del sistema capitalista, del Norte en relación con el Sur? ¿Qué formación política va a plantear eso de una manera descarada? ¿Van a llegar los socialistas y van a decir: "Para que ustedes no se horroricen cada noche cuando conectan el noticiario y ven los niños de Somalia muriéndose de hambre, aprétense más el cinturón: no por la reconversión industrial, sino porque hay que repartir la capacidad de producción, de consumo y de acumulación"?" Manolo Vázquez Montalbán

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