CAMPAÑA LIBERAL CONTRA SUECIA
El país escandinavo es uno de
los más competitivos del mundo
gracias a la fortaleza del Estado
VICENÇ NAVARRO
Suecia ha sido el país
europeo gobernado por
la socialdemocracia por
más tiempo desde la segunda
guerra mundial.
Excepto etapas muy cortas de gobiernos
conservadores-liberales, el
partido socialdemócrata ha ejercido
el poder (bien en mayoría, bien en
alianza con otros partidos) durante
la mayoría de aquel periodo. Como
consecuencia de ello, Suecia tiene
un Estado de bienestar muy desarrollado
de carácter universal, es decir,
que los derechos sociales (tales como
el acceso a la sanidad, a la educación,
a la seguridad social y a los servicios
sociales, entre otros) cubren a
toda la ciudadanía.
De esta manera, el Estado de bienestar
sueco proporciona una elevada
seguridad a la población (incluyendo
la laboral), lo cual facilita la
flexibilidad y la adaptación de los
ciudadanos a los cambios requeridos
por la globalización económica
(Suecia es el país más globalizado de
Europa: la suma de exportaciones
más importaciones como porcentaje
del PIB es la más elevada de nuestro
continente). Gracias a esta adaptación
y flexibilidad, Suecia es uno de
los países más competitivos del
mundo, como reconoce incluso el
Fórum Liberal Davos en su informe
sobre la competitividad mundial del
2004, que coloca a Suecia como el
tercer país en la liga de la competitividad
mundial. Suecia muestra
cómo, en contra de lo que se propaga
en el discurso liberal, la globalización
requiere un Estado fuerte a fin
de facilitar la respuesta de la sociedad
a los retos creados por la integración
económicamundial.
Es un hecho que los suecos continúan
teniendo problemas sociales
y económicos. Ahora bien, un análisis
objetivo permite concluir que
aquel país ha alcanzado una elevada
calidad de vida junto con una elevada
eficiencia económica. De ahí que
se haya convertido en la diana de
ataques de los pensadores liberales
(que gozan de grandes cajas de resonancia
en nuestro país), que están
promoviendo los modelos liberales
de EEUU y Gran Bretaña como la solución
para España. Ni que decir tiene
que cada país tiene que desarrollar
sus propias políticas públicas
conforme a las relaciones de poder
existentes en su sociedad y según el
contexto histórico, político y cultural
que lo condiciona. Pero no está
de más que en el desarrollo de nuestras
políticas económicas y sociales
aprendamos de otros países, incluyendo
Suecia, cuyo éxito cuestiona
las tesis liberales que defienden que
un elevado gasto público (Suecia tiene
el gasto público social más elevado
de la UE-15, 32%, comparado con
un 20% en España) es un impedimento
para la eficiencia económica.
SUECIA está sometida estos
días a una avalancha de críticas por
parte de medios liberales, que podrían
enriquecer el debate, aunque
el hecho de que vayan acompañadas
de gran número de insultos y manipulaciones
lo imposibilitan. Entre
éstas últimas está la que indica que
el desempleo real de Suecia alcanza
la cifra nada menos de un 20% de la
fuerza laboral, citando como fuente
de autoridad el economista liberal
Lindbeck, que fue en su día el presidente
del comité que otorga los Premios
Nobel de Economía. Según tal
economista, la cifra oficial de desempleo
no es creíble, pues oculta un
elevado número de prejubilaciones
que, según él, el Gobierno facilita
para dar trabajo a los jóvenes. Se podría
argumentar que no habría nada
negativo en ello, pero lo cierto es
que la realidad no corresponde a este
supuesto. Suecia tiene uno de los
porcentajes más altos (70%) de la población
empleada en edad de prejubilación
(55-64 años) en la UE-15
comparado con un 41% en España.
Aprovecho para aclarar que el premio
llamado Nobel de Economía no
lo da la Fundación Nobel, sino el
Banco de Suecia, y que el sesgo liberal
del comité que lo otorga ha sido
tan excesivo que creó una protesta
internacional que forzó la dimisión
de Lindbeck, explicándose así que se
otorgaran (después de que él dejara
el comité) tales premios a economistas
keynesianos como Amartya Sen
y Joseph Stiglitz, entre otros.
Otro dato que se ofrece en contra
del supuestamente excesivo Estado
de bienestar sueco es el enlentecimiento
económico que ocurrió a
principios de los años 90, que se
asume que ocurrió debido al excesivo
gasto público. Tal ralentización
económica no tuvo nada que
ver, sin embargo, con la extensión
del gasto público, sino con otras razones
que incluyeron el colapso de
la economía de la Unión Soviética
(que afectó negativamente a la economía
de todos los países escandinavos,
con los cuales tenía un comercio
activo) y el aumento de los
intereses bancarios y del valor de la
moneda sueca (la corona), como
consecuencia de las decisiones que
tomó el Gobierno a fin de resistir
la competitividad del marco
alemán y el aumento de los intereses
bancarios alemanes (que el Gobierno
alemán facilitó como medida
para atraer capital que le permitiera
el desarrollo del este de Alemania,
tras su reunificación, decisiones
que, por cierto, contribuyeron
también a la crisis económica
de España en el mismo periodo).
UNA VEZ estas circunstancias
cambiaron, la economía sueca
se recuperó, alcanzando uno de los
desempleos más bajos de la UE
(5%). El gasto público por habitante,
por cierto, ha continuado creciendo
año tras año, incluso en los
del Gobierno liberal (1991-1994).
Otra crítica liberal es que la mayoría
del empleo nuevo que se ha
creado en Suecia es consecuencia
del gasto público, traduciéndose
en empleo público. Este dato, sin
embargo, no tiene por qué valorarse
negativamente. En realidad, esta
situación se da también en muchos
otros países, y es un dato que
no debiera pasar desapercibido en
España, donde el empleo público
es de los más bajos de la UE, causa
de la pobreza de sus servicios
públicos y del retraso de su Estado
de bienestar.
*Catedrático deHPolíticas Públicas
de la Universitat Pompeu Fabra.
