Los medios masivos occidentales siguiendo los dictados de la diplomacia de Washington y Bruselas se comprometieron a fondo las últimas semanas, en apoyar otra posible ”revolución naranja” esta vez en Bielorrusia.

Según la televisión, radio y los grandes diarios, allí en ese país de la ex-Unión Soviética la oposición democrática intenta acabar con ”la última dictadura comunista de Europa”, pero que lamentablemente el actual presidente Alexander Lukashenko vencedor en las recientes elecciones del pasado 19 de marzo, fraguó los resultados en su favor.

La tarea de los grandes medios fue sembrar la duda desde antes de que se efectuaran los comicios y hacer campaña en favor del candidato pro occidental Milinkevich, que sólo logró un 6 por ciento de los votos.

Horas después de conocerse los resultados electorales, los titulares anunciaban que los observadores internacionales denunciaban fraude y se remitían al informe de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSDE), un organismo gubernamental en el que la mayoría de sus integrantes coinciden con la diplomacia de Estados Unidos. La OSDE ha sido usada también en otras elecciones en las ex-repúblicas soviéticas donde se han ido impuesto candidatos pro capitalistas.

Sin embargo, el informe de la OSDE que señala críticas negativas al gobierno de Lukashenko en relación al proceso electoral también recoge elementos positivos que los medios interesadamente dejaron en el tintero.

En el informe se puede conocer que el candidato opositor no fue sólo Milinkevich, sino tres más que ofrecían a los votantes diferentes opciones políticas. También la OSDE constató: que la Comisión central para las elecciones y las preparación nacional de los referéndum (CCE) funcionó correctamente; que las mujeres estuvieron bien representadas en las candidaturas; que las televisiones y radios cedieron espacios de propaganda electoral gratuita a todos los candidatos; que la anterior comisión electoral y las territoriales facilitaron toda la información que se les solicitó; y que la votación se realizó de manera pacífica y ordenada.

Es decir que la OSDE no pudo registrar ni urnas escondidas ni votos quemados como en Haití; ni tampoco el clima de ocupación militar, intimidación y violencia que tuvieron en Irak ”las primeras elecciones democráticas después de Sadam” .

Cabe señalar que los aspectos negativos y de los cuales los medios hicieron un aluvión informativo en las recientes elecciones bielorrusas no son diferentes a lo que ha sucedido en otros países ”democráticos”. Se le criticó a Lukashenko el haber usado todos los medios estatales de comunicación en su provecho para llamar a los ciudadanos a defender con el voto el modelo de Bielorrusia, de ocupación plena, salud, educación públicas gratuitas y seguridad social.

Se olvidan que Berlusconi en Italia también controla y usa todos los medios públicos y propios para hacerse elegir y aspirar a ser reelecto.

La OSDE critica y seguramente es cierto, que la policía secreta asocia a la oposición con el terrorismo, cosa que es usual también en Occidente; Bush fue reelecto usando a Bin Ladén y el Partido Popular en España, intentó hacer responsable a ETA del atentado terrorista de los fundamentalistas musulmanes en Madrid para asustar al electorado y seguir en el gobierno.

Al final esta semana, esmirriadas en unos pocos cientos de personas las orquestadas demostraciones en Minsk en pro de Milinkevich, los manifestantes llegados desde Ukrania, Lituania, Georgia y Azerbaiyán comienzan a regresar a casa. Junto a los corresponsales de los grandes medios que guardan cámaras y parabólicas portátiles y hacen sus valijas porque han ”confirmado” como dice el diario El Mundo de España que: ”pese a las críticas de Occidente, Lukashenko, de 53 años, es popular entre los bielorrusos por aportar al país una estabilidad económica relativa en los turbulentos años 90 en comparación con otras ex-repúblicas soviéticas”.

Al fin y al cabo, estas elecciones tan observadas por Occidente parecen haber tenido mejor aspecto que las de Egipto, donde una vez más el presidente ”amigo” Hosny Mubarak resultó reelecto.