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La Coctelera

Diario de traduccioneZ

Centro de análisis del hechicero Akiro, desde su cabaña en Cimmeria

Categoría: Economía/Sociología/Filosofía

8 Junio 2006

Sancionado por segunda vez en menos de un año el “call center” de Sogecable por vulnerar el derecho de huelga

rojoynegro.info

Nuevo revés para la política represiva de Catsa - SOGECABLE. Con fecha 22 de mayo de 2006, la Inspección de Trabajo y Seguridad Social de Madrid ha vuelto a promover acta de infracción ante la evidencia de que Catsa “ha venido adoptando determinadas decisiones empresariales contrarias a las previsiones legales y convencionales en relación con el ejercicio del derecho de huelga”.

El acta de infracción se refiere a la convocatoria de huelga de los días 19 al 23 de septiembre de 2005. Entonces, la dirección de la empresa reaccionó como es su costumbre: cerrarse en banda a cualquier diálogo o negociación y disponerse a vulnerar el derecho de huelga de los trabajadores. Una vez más, como deja constancia esta última acta de infracción, Catsa procedió a la contratación verbal de trabajadores para prestar servicios en los días de la huelga. Esta contratación se produjo tras la convocatoria de la citada huelga y con el fin evidente de sustituir a los huelguistas y eludir las justas reivindicaciones de una plantilla, que secundó las jornadas de huelga en casi un 80%.

La Inspección de Trabajo ha impuesto “una sanción en el tramo más severo de su grado medio, en atención a la manifiesta intencionalidad de la Empresa responsable, acreditada en atención a los requerimientos y recomendaciones del Inspector actuante, singularmente con ocasión de actuaciones llevadas a cabo, sobre la misma materia, en fechas de 8, 9 y 10 de abril de 2005.”. Esto supone una nueva multa de 48.000 euros, la misma cantidad con la que ya fue sancionada hace menos de un año.

El 14 de junio ante la Audiencia Nacional

Recordemos que Catsa ya había sido sancionada anteriormente por la Inspección de Trabajo por vulnerar el derecho de huelga en la convocatoria del 8, 9 y 10 de abril de 2005 (huelgas que coincidieron con la venta el partido Real Madrid - Barcelona en modalidad de pago por visión). Precisamente por este motivo y tras denuncia de la CGT, habrán de dar explicaciones en la Audiencia Nacional, en juicio que se celebrará el próximo 14 de junio.

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4 Junio 2006

Bienvenidos a la Base de datos Sobre la precariedad laboral en España!!!

http://www.trabajobasura.com/inicio/

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17 Mayo 2006

" Los medios de comunicación y el timo de los sellos" ----de Juan Torres Lopez

http://www.juantorreslopez.com/

La editorial del diario El País del pasado domingo decía lo siguiente: "A medida que van conociéndose los detalles de la supuesta estafa de los sellos -350.000 afectados y un desfase patrimonial de 3.500 millones de euros- resulta más incomprensible que este merengue haya aguantado 26 años sin derrumbarse". Si el editorialista hubiera leído su propio periódico quizá no le resultara tan sorprendente que se haya tardado tanto en descubrir “el merengue”. Veamos.

El 26 de mayo de 2002, se publicaba en El País un artículo con el título -ya de por sí significativo- "Piezas de colección muy rentables. La inversión en sellos alcanza rendimientos anuales por encima del 10%".

Entre otras cosas, decía lo siguiente: "El sello constituye la inversión en bienes físicos más rentable. Los rendimientos pueden triplicar la inflación y sobrepasar con amplitud el 10%... Las sociedades de asesoramiento filatélico advierten que sólo ellas pueden ofrecer las garantías para culminar con éxito una operación, ya que los términos de la inversión se recogen en contrato, incluso los seguros sobre las piezas...Y es un valor refugio en tiempos de crisis e incertidumbre. En ocasiones, una colección ha salvado el destino de más de uno, al llevársela debajo del brazo en una contienda".

No fue solo El País. El diario El Mundo escribía más o menos lo mismo en mayo de 1996: “Invertir en Sellos, una Afición Rentable”. En el artículo se informaba de la forma específica de inversión que realizaban las empresas que ahora tienen problemas: “... La otra forma de invertir, más reciente, es la inversión dirigida. Se realiza a través de sociedades filatélicas, empresas de reconocido prestigio, con las que hay que firmar contratos legales muy claros, que trabajan con el mismo fin: para que alguien que no es experto, o que no quiera hacerse experto, pueda disfrutar de las ventajas del sello como inversión”. Al final, se decía que el reportaje había sido realizado con la colaboración de dos miembros de las empresas Forum Filatélico y AFINSA, las dos cuyos directivos han sido ahora acusados de estafa. El periódico El Correo también publicó en su día un publi-reportaje (es decir, pagado) pero “casualmente” ha desaparecido de su web, en donde estaba hasta hace unas horas (estaba exactamente aquí: [http:]

¿Qué ciudadano iba a pensar entonces que ese negocio podía ser lo que en realidad era? ¿Quién iba a darse cuenta, si los medios más reputados le daban esa consideración de buena inversión, que lo que había detrás era una pirámide que no creaba renta, y que, por lo tanto, no podía generar "intereses", sino que se iba pagando a los viejos inversores con el dinero de los nuevos?

¿Cómo se pueden sorprender ahora los medios de que no se descubriese antes la estafa si ellos mismos la publicitaban y le daban marchamo de inversión seria y rentable?

Y lo que es más importante: ¿cómo es que al escribir sobre ese negocio no se daban cuenta de que se estaban vendiendo sellos casi trece veces por encima de su valor sin que hubiera ninguna circunstancia que explicara esa subida?, ¿cómo no se percataban al investigar (¿investigar?) para escribir esos artículos que lo que vendían como sellos valiosos no lo eran ni por asomo en la inmensa mayoría de las circunstancias?

Lo que ha ocurrido durante esos 26 años es que todo el mundo hacía la vista gorda y, en particular, que los medios se dejaban llevar por la inercia o quizá por los ingresos publicitarios, en lugar de investigar y tratar de descubrir lo que había detrás de algo que obviamente debía ser irregular, pues era incomprensible que se pudieran pagar "intereses" (en realidad no lo eran) tan elevados. Ahora se solicita que el Estado ampare a los inversionistas (por cierto, son eso, inversionistas y no ahorradores, puesto que lo que hacían era comprar bienes con la idea de que su precio subiría).

Sería injusto, sin embargo, que con los impuestos de quienes no han podido disponer de recursos ahorrados para invertir, o de quienes han sido más prudentes a la hora de hacerlo, se financie el descuido, el afán de ganancia extraordinaria y la falta de diligencia financiera de otros.

Es verdad que se trata de un problema social importante. De un gran engaño a muchas personas modestas que se habían ganado honestamente sus ahorros y que ahora no tendrán (en el mejor de los casos) nada más que unos cuantos sellos con mucho menos valor que el que ellos pensaron que tendrían.

Pero lo que debe hacer la administración es ayudar a los afectados a que pleiteen contra los directivos de las empresas que idearon la estafa, o incluso reconocer y hacer frente a la falta de regulación de este "negocio". Nada más.

Por cierto, es curioso que quienes siempre se oponen a la “injerencia” del Estado, ahora pidan que intervenga y se quejan de que no lo hubiera hecho antes. ¿Qué hubieran dicho si antes, para limitar el riesgo que se contraía, hubiera limitado su sacrosanta libertad para contratar?

La triste paradoja que se da ahora es que las empresas filatélicas en realidad timaban sobre el precio de los sellos pero, muy probablemente, los sellos estén todos a disposición de los inversionistas, de modo que en principio no debería haber problema en que estos puedan recuperar lo que compraron: los sellos. De hecho, eso es lo que dicen las empresas afectadas en sus páginas web, que los sellos están en sus cámaras acorazadas y que pueden hacer frente a sus obligaciones con los inversionistas. Lo que no dicen es que valen muchísimo menos porque inflaron artificialmente los precios para atraer a los incautos... ¡y sin que casi ningún medio de comunicación ni la propia administración se diera cuenta!

Sé que decir que ahora el Estado no compense las pérdidas patrimoniales de esos inverionistas pudiera parecer injusto en un país cuyos gobiernos han gastado millones y millones para tapar los agujeros que han dejado en otras ocasiones banqueros ladrones (algunos, por cierto, andando todavía a sus anchas sin que nadie les moleste). Pero el que se cometiera esa inmoralidad antes no justifica que se vuelva a actuar igual ahora. Ayudar generosamente a resolver el problema sí, pero dar por sentado que el conjunto de los ciudadanos sirve de garantía a la imprudencia financiera de unos no parece que sea un principio muy razonable.

Otra cosa, en fin, es que cuando ocurren estas cosas, uno no tenga más remedio que hacerse la pregunta de las viejas películas de crímenes: ¿quién se beneficia de todo esto? Entonces, y una vez más, aparecen los banqueros. Deben estar más tranquilos porque, al fin y al cabo, el dinero y las inversiones siempre termina yendo a su redil y ahora los bancos pueden seguir apareciendo como los inversores buenos y legales. Como decía Eduardo Haro Tecglen en el título de unos de sus libros: ¡Qué estafa!

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8 Mayo 2006

CAMPAÑA LIBERAL CONTRA SUECIA

El país escandinavo es uno de
los más competitivos del mundo
gracias a la fortaleza del Estado

VICENÇ NAVARRO

Suecia ha sido el país
europeo gobernado por
la socialdemocracia por
más tiempo desde la segunda
guerra mundial.
Excepto etapas muy cortas de gobiernos
conservadores-liberales, el
partido socialdemócrata ha ejercido
el poder (bien en mayoría, bien en
alianza con otros partidos) durante
la mayoría de aquel periodo. Como
consecuencia de ello, Suecia tiene
un Estado de bienestar muy desarrollado
de carácter universal, es decir,
que los derechos sociales (tales como
el acceso a la sanidad, a la educación,
a la seguridad social y a los servicios
sociales, entre otros) cubren a
toda la ciudadanía.
De esta manera, el Estado de bienestar
sueco proporciona una elevada
seguridad a la población (incluyendo
la laboral), lo cual facilita la
flexibilidad y la adaptación de los
ciudadanos a los cambios requeridos
por la globalización económica
(Suecia es el país más globalizado de
Europa: la suma de exportaciones
más importaciones como porcentaje
del PIB es la más elevada de nuestro
continente). Gracias a esta adaptación
y flexibilidad, Suecia es uno de
los países más competitivos del
mundo, como reconoce incluso el
Fórum Liberal Davos en su informe
sobre la competitividad mundial del
2004, que coloca a Suecia como el
tercer país en la liga de la competitividad
mundial. Suecia muestra
cómo, en contra de lo que se propaga
en el discurso liberal, la globalización
requiere un Estado fuerte a fin
de facilitar la respuesta de la sociedad
a los retos creados por la integración
económicamundial.
Es un hecho que los suecos continúan
teniendo problemas sociales
y económicos. Ahora bien, un análisis
objetivo permite concluir que
aquel país ha alcanzado una elevada
calidad de vida junto con una elevada
eficiencia económica. De ahí que
se haya convertido en la diana de
ataques de los pensadores liberales
(que gozan de grandes cajas de resonancia
en nuestro país), que están
promoviendo los modelos liberales
de EEUU y Gran Bretaña como la solución
para España. Ni que decir tiene
que cada país tiene que desarrollar
sus propias políticas públicas
conforme a las relaciones de poder
existentes en su sociedad y según el
contexto histórico, político y cultural
que lo condiciona. Pero no está
de más que en el desarrollo de nuestras
políticas económicas y sociales
aprendamos de otros países, incluyendo
Suecia, cuyo éxito cuestiona
las tesis liberales que defienden que
un elevado gasto público (Suecia tiene
el gasto público social más elevado
de la UE-15, 32%, comparado con
un 20% en España) es un impedimento
para la eficiencia económica.
SUECIA está sometida estos
días a una avalancha de críticas por
parte de medios liberales, que podrían
enriquecer el debate, aunque
el hecho de que vayan acompañadas
de gran número de insultos y manipulaciones
lo imposibilitan. Entre
éstas últimas está la que indica que
el desempleo real de Suecia alcanza
la cifra nada menos de un 20% de la
fuerza laboral, citando como fuente
de autoridad el economista liberal
Lindbeck, que fue en su día el presidente
del comité que otorga los Premios
Nobel de Economía. Según tal
economista, la cifra oficial de desempleo
no es creíble, pues oculta un
elevado número de prejubilaciones
que, según él, el Gobierno facilita
para dar trabajo a los jóvenes. Se podría
argumentar que no habría nada
negativo en ello, pero lo cierto es
que la realidad no corresponde a este
supuesto. Suecia tiene uno de los
porcentajes más altos (70%) de la población
empleada en edad de prejubilación
(55-64 años) en la UE-15
comparado con un 41% en España.
Aprovecho para aclarar que el premio
llamado Nobel de Economía no
lo da la Fundación Nobel, sino el
Banco de Suecia, y que el sesgo liberal
del comité que lo otorga ha sido
tan excesivo que creó una protesta
internacional que forzó la dimisión
de Lindbeck, explicándose así que se
otorgaran (después de que él dejara
el comité) tales premios a economistas
keynesianos como Amartya Sen
y Joseph Stiglitz, entre otros.
Otro dato que se ofrece en contra
del supuestamente excesivo Estado
de bienestar sueco es el enlentecimiento
económico que ocurrió a
principios de los años 90, que se
asume que ocurrió debido al excesivo
gasto público. Tal ralentización
económica no tuvo nada que
ver, sin embargo, con la extensión
del gasto público, sino con otras razones
que incluyeron el colapso de
la economía de la Unión Soviética
(que afectó negativamente a la economía
de todos los países escandinavos,
con los cuales tenía un comercio
activo) y el aumento de los
intereses bancarios y del valor de la
moneda sueca (la corona), como
consecuencia de las decisiones que
tomó el Gobierno a fin de resistir
la competitividad del marco
alemán y el aumento de los intereses
bancarios alemanes (que el Gobierno
alemán facilitó como medida
para atraer capital que le permitiera
el desarrollo del este de Alemania,
tras su reunificación, decisiones
que, por cierto, contribuyeron
también a la crisis económica
de España en el mismo periodo).
UNA VEZ estas circunstancias
cambiaron, la economía sueca
se recuperó, alcanzando uno de los
desempleos más bajos de la UE
(5%). El gasto público por habitante,
por cierto, ha continuado creciendo
año tras año, incluso en los
del Gobierno liberal (1991-1994).
Otra crítica liberal es que la mayoría
del empleo nuevo que se ha
creado en Suecia es consecuencia
del gasto público, traduciéndose
en empleo público. Este dato, sin
embargo, no tiene por qué valorarse
negativamente. En realidad, esta
situación se da también en muchos
otros países, y es un dato que
no debiera pasar desapercibido en
España, donde el empleo público
es de los más bajos de la UE, causa
de la pobreza de sus servicios
públicos y del retraso de su Estado
de bienestar.
*Catedrático deHPolíticas Públicas
de la Universitat Pompeu Fabra.

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7 Mayo 2006

Informe de la Brigada Informativa Experimental “Elpidio Valdés”

Aclarando algunas verdades a los cubanos

Mes de julio en La Habana. Se hace imprescindible la constitución inmediata de una brigada informativa espontánea para hablarles a muchos habaneros cara a cara, mirando a los ojos. El mundo capitalista no es como os lo estáis pintando y se puede confiar en la mirada clara de los miembros fundadores de la Brigada Informativa Experimental (BIE) “Elpidio Valdés”, que han venido con sus dos hijos pequeños (tres y cuatro años) a Cuba a aprender. Y aprenden mucho, pero también se están dando cuenta de que es necesario enseñar algo.

Acción primera.

Vamos en taxi. Le pedimos al conductor que entre por una calle del Vedado. No nos hemos dado cuenta de que es una dirección prohibida. El taxista se excusa:

- Miren, esto no es como su país. Si entro por ahí y me ve la policía, me pueden sancionar, me retiran la licencia por un tiempo y me puedo quedar sin trabajo. No es como en España, que allá los taxistas, como todo el mundo, tienen su puesto y no los echan.

La BIE se topa con su primer trabajo informativo. Risas. Mire usted, lo primero es que en España también te sancionan retirándote la licencia de conducción. Lo segundo es que casi nadie tiene un puesto de trabajo seguro allá, mucho menos los empleados de las empresas de taxis. Lo que se estila es el despido a la más mínima, una explotación laboral desconocida en Cuba, los contratos temporales –de apenas meses-. O sea, se mata usted a currar para intentar conservar el empleo, y, a poco que su jefe sea como uno que yo tuve, basta que se ponga enfermo un par de días o que le claven una buena multa con suspensión del carné de conducir para que lo echen irremisiblemente.

Acción segunda.

De compras en el supermercado en divisas. Con extrema simpatía, una cajera nos cuenta que tiene intención de emigrar a España con su hermana, que vive en Asturias, para luego trasladarse a Barcelona. La BIE informa: Allí la vida es dura, en Asturias hay mucho paro y Barcelona es un monstruo que deglute y tritura al inmigrante. Que se vaya preparando para trabajar a un ritmo para ella desconocido, brutal, para apenas poder pagar su vivienda. En esto, interviene otra empleada de la tienda. Lo cierto es que hay más trabajadores que clientes en el establecimiento a esa hora y no tienen nada mejor que hacer que charlar con el turista español:

- Pues yo soy maestra y aquí me tiene. Tuve que dejar la escuela para poder ganar algo más de dinero.

Tiene que intervenir inmediatamente la BIE. Mire usted, señora, yo soy profesor de Secundaria en España. Soy un privilegiado porque tengo un empleo fijo y seguro. Pero sepa usted que yo conseguí el trabajo haciendo un examen, la oposición, al que nos presentamos mil doscientas personas para 48 plazas. Cada uno de los que nos examinamos llevábamos fácilmente dos o tres años estudiando un temario de casi cien capítulos, un total de tres o cuatro mil páginas. Cuando yo obtuve una de las 48 plazas como funcionario, hubo otros 1150 compañeros de profesión de mi especialidad que se quedaron en el paro. La mayoría exhibían una excelente preparación universitaria. Los puedes encontrar todavía trabajando como telefonistas de Canal Plus, camareros de MacDonalds o en empresas de trabajo temporal, si no es que siguen encerrados en una miserable buhardilla estudiando como cosacos en la más absoluta indigencia. Seguramente, usted, en España, no podría trabajar de maestra, pero no porque usted lo eligiera para ganar más, consumir más, sino porque le sería casi imposible obtener un puesto de trabajo en su profesión.

Acción tercera.

Nos dirigimos hacia el Acuario Nacional de Cuba, en La Habana, en el coche de un buen amigo cubano. Nos está contando que hace un rato ha tenido una agria discusión con un policía.

- ¿Recuerdas este cruce, por el que pasamos esta mañana? Un caballito me ha querido sancionar ahí sin tener razón. Cómo son estos policías. Hasta le he tenido que sacar el código, que lo llevo siempre conmigo en el carro, para demostrarle que estaba errado. ¿Se pueden creer que no reconoció el error? Se lo demostré bien clarito y no le dio la gana reconocer el error.

- Pero... ¿Te puso la multa?

- ¡Por supuesto que no! ¡Faltaría más, que me fuera a poner la multa estando completamente errado!

La BIE interviene de inmediato. Es chocante la indignación ante la que es una actitud de lo más civilizado por parte de un policía, siempre preocupado, se supone, por mantener una apariencia de autoridad aunque lo corrijan... Le contamos que, no hace mucho, a un compañero de trabajo, de camino a su puesto, le tuvo que sacar su abogado del cuartelillo de la Guardia Civil, en un pueblo del norte de la provincia de Huelva, porque tuvo la peregrina idea de tratar de discutir con el picoleto [por este término se suele conocer, popularmente, a los agentes de este cuerpo de policía militarizada en España] que lo trataba de sancionar injustamente. Recibió cachetes en las mejillas, insultos y vejaciones, y apenas pudo avisar al letrado, que no a su familia ni a su jefe. Cuando se incorporó a su centro laboral, con un día de retraso, aún tenía el rostro mortecino y residuos de la tembladera en las piernas.

Acción cuarta.

Conversación con un grupo de conocidos en La Habana. Una de ellos expresa sus ganas de emigrar porque está cansada de compartir su casa con la familia del esposo hasta el grado de bisabuelo de su hijo. “Allá, en España, se puede conseguir vivienda fácilmente, aunque sea de alquiler”, suelta.

La BIE ataca de nuevo. En Cuba hay un problema de la vivienda comprensible hasta para un niño de cuatro años. Sencillamente, faltan casas. Las dificultades impuestas por el bloqueo son la causa principal. En España, sin embargo, es mucho más difícil comprender por qué demonios, si hay millones de casas vacías, hay también un grave problema de vivienda. Como España es, en realidad, un enorme mercado, el problema se traduce a una cuestión de precios. Los millonarios no tienen dificultad ninguna para tener cuantas casas quieran. Pero la clase media anda pidiendo a los bancos créditos vitalicios (hipotecas a 25 ó 30 años) que se devuelven con cuotas mensuales que se comen, enterito, el sueldo de uno de los dos cónyuges. Y eso les sucede a esa minoría que tiene un empleo más o menos fijo y que disponen de dos salarios seguros por unidad familiar. Los jóvenes que acceden al mercado laboral se ven forzados a vivir con sus padres hasta los treinta y tantos años, para luego irse a vivir a un piso... compartido con tres o cuatro personas más. En el centro de cualquiera de las grandes ciudades españolas, los alquileres superan ampliamente el salario mínimo y se acercan al 75% del salario medio, que es un salario mayor de lo normal mayoritario. En ese contexto, la población inmigrante sufre doblemente el problema: al monto de sus salarios, generalmente inferior al de los españoles –que a la mayoría de las familias no les da para llegar a fin de mes, de ahí que la sociedad española sea la más endeudada de Europa-, se unen los prejuicios racistas, cada vez más abundantes, que suelen complicar sobremanera las posibilidades de conseguir una vivienda digna.

Acción quinta.

En la cola del banco, la gente habla por los codos. Uno se enternece cuando una señora de ochenta y tantos años se salta la cola para llegar a la ventanilla la primera, porque no puede cobrar su pensión a través del cajero, que exhibe algún problema. La mujer a la que le toca el turno para pasar a la ventanilla trata de impedir que la ancianita se cuele. Una coral de voces indignadas resuena a sus espaldas:

-¡Déjela pasar, ¿no ve que es una anciana?!

Está uno pensando en lo hermoso que es este país, y en lo bien educada que está la gente, cuando sorprende una conversación entre dos compañeros de cola.

- Yo no me fui entonces, no me voy a ir ahora- Habla un antiguo jugador de béisbol al que le gusta rememorar sus viajes por el mundo con el equipo de Cuba. Al parecer, tiene dos hijos en Europa.

- Mírate – le dice un hombre de mediana edad con una gorrita de un equipo norteamericano de pelota -. Por lo menos, allá, con tu trabajo, puedes prosperar.

La BIE irrumpe en la conversación ajena. Sí, puedes prosperar, pero lo más probable es que no. La inmensa mayoría de los españoles ven cómo empeoran las líneas básicas de su calidad de vida. El empleo es cada vez más inseguro. Una temporada en el paro, cada día menos subsidiado, puede acabar con los pequeños ahorros de años. Se gasta todo lo que uno tiene en pagar la vivienda, de modo que eso es lo único que muchos poseen cuando les llega la hora de irse, después de toda una vida de duro trabajo: la casa. Muchos otros, ni eso. Son, según Caritas, casi un tercio de la población total los españoles no tienen apenas nada de su propiedad, ni tienen tampoco expectativas de ir más allá de sobrevivir a diario y alimentar a sus familias, a pesar de vivir en la más completa explotación. Y no digamos los inmigrantes. De los treinta o cuarenta mil mendigos que viven en las calles de Madrid, según datos aproximados publicados por la prensa –a uno le da la impresión, allí, de que son muchos más- una buena parte son extranjeros que no han tenido la suerte de encontrar un patrón que los exprima. Se cansa uno de ver gentes latinoamericanas, africanas, asiáticas, que se agotan por las calles tratando de venderle una flor a los privilegiados que se sientan en las terrazas de los bares, para apenas sacar lo mínimo con que pagar el alquiler compartido y malcomer. Eso es lo normal, que a uno le vaya mal en el capitalismo, a casi todo el mundo le va mal en el capitalismo, no vaya usted a pensar que es usted especial.

Conclusión.

La BIE “Elpidio Valdés” propone que se multipliquen las brigadas informativas en Cuba. Las organizaciones de solidaridad tienen algo más importante que hacer que cortar caña. Mucha gente en Cuba no se da cuenta de que quienes pueden viajar a su país es una minoría privilegiada, parte de esa pequeña parte de los pobladores de la economía-mundo del capitalismo a los que les va bien. Las brigadas pueden llevar a Cuba a personas que rara vez pueden salir de vacaciones, mucho menos cruzando el océano. Mirando a los ojos, serían los más indicados para informar a los cubanos acerca de la realidad contra la que la Revolución los defiende.

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7 Mayo 2006

EEUU y Cuba: un gran éxito y un pequeño fracaso

Santiago Alba Rico

(Intervención en las Jornadas sobre “Cuba: soberanía y democracia para otro mundo posible”, Sevilla 25 de noviembre del 2005)

Aceptar hablar en favor de Cuba es resignarse malhumorado a una desigualdad de base. Que Cuba tenga no sólo que defenderse sino también que justificarse ininterrumpidamente en voz alta la presupone ya como un cuerpo extraño, un artificio inscrito en el seno de la naturaleza, una anomalía extravagante o criminal, y por eso mismo, frente a ella, el modelo que la combate, con todos sus procedimientos violentos e ilegales, aparece siempre ya naturalizado, legitimado, justificado por su propio poder para pedir cuentas a Cuba.

Yo no voy a defender a Cuba esta tarde. No voy a llamar la atención sobre aquellos aspectos en que se revela manifiestamente superior: su capacidad para afrontar catástrofes con pocos medios demostrando que el mejor dispositivo de protección civil es la preocupación por el hombre; su extraordinario sistema sanitario elogiado por la OMS que la convierte en la máxima exportadora mundial de alivios médicos; su enseñanza pública sin igual, modelo para otros países de América Latina; o sus éxitos insólitos en investigación y deporte. Reconocidos por organismos internacionales, repetidos una y otra vez por los amigos de Cuba, no logran en todo caso penetrar la piel de nuestros ciudadanos y sirven tan escasamente para validar la revolución como las cárceles secretas o los bombardeos con fósforo blanco de los EEUU para invalidar la presunta democracia de ese país. La verdad de Cuba suena siempre retórica o propagandística; la verdad de los EEUU es siempre accidental, marginal, insignificante, irrelevante.

Voy a hablar mal de Cuba. Voy a hablar mal de Cuba en primer lugar porque hablar bien no sirve de nada. Voy a hablar mal de Cuba además porque los amigos de la revolución no debemos ocultar aquellas sombras que dentro de la isla se discuten y se denuncian abiertamente. Pero voy a hablar mal de Cuba, también y sobre todo, porque quizás a través de aquello que va mal podamos aprehender la lógica que no sabemos columbrar en aquellas cosas que van bien. En lugar, pues, de atender a aquellos aspectos en que el modelo cubano es manifiestamente superior, me centraré en algunos problemas que comparte con el modelo capitalista para, de esa manera, tratar de averiguar si los mismos problemas obedecen a las mismas causas o revelan pautas y estructuras diferentes.

Por razones de tiempo, me limitaré a tres problemas que Cuba comparte con EEUU o España –o cualquier otro representante, central o periférico, del capitalismo mundial.

Tomemos, por ejemplo, un problema actual e inquietante de la sociedad cubana: eso que llamaremos la “desprofesionalización del trabajo”. Cada vez ocurre con más frecuencia, en efecto, que profesionales altísimamente cualificados, profesores, investigadores, médicos, realicen trabajos muy por debajo de su formación, con la consiguiente frustración personal y despilfarro colectivo. En medio de la dificultades cotidianas de la isla y en el cuadro de las contradicciones que la maldición bíblica del turismo ha introducido en ella, especialistas y universitarios renuncian a la disciplina que libremente han elegido para ganar más en un trabajo rutinario, pesado y sin cualificación. Por primera vez desde 1959, por ejemplo, el gobierno cubano tiene que enfrentarse a un déficit de maestros, ahora insuficientes para atender las exigentes necesidades del sistema educativo revolucionario, que incluye dos profesores por aula. Si los taxistas y camareros cubanos son los más cultos del mundo se debe no sólo a que los taxistas y camareros cubanos (por no hablar de los campesinos) estudian y leen mucho en sus horas libres sino también a que, según un cliché desgraciadamente fundamentado, los ingenieros e historiadores se hacen a menudo maleteros de hotel. La desdolarización de la economía, el aumento del salario mínimo y el remonte esperanzador de la economía cubana ayudarán sin duda a evitar en el futuro esta sangría de recursos, pero hoy por hoy las cosas están así.

Como sabemos, este problema es también común en España. Es, aún más, un problema endémico en nuestro país, donde un porcentaje creciente de jóvenes acaba haciendo un trabajo distinto de aquél para el que se había preparado. Todos conocemos personalmente decenas de jóvenes, algunos de ellos primeros de su promoción en la Universidad, que están trabajando como operadores de Telefónica o camareros del Burger King. Todos conocemos personalmente decenas de jóvenes, pues, que no pueden hacer el trabajo para el que se han preparado y hacia el que les inclina su vocación y están obligados a aceptar, si es que no quieren morirse de hambre, un trabajo rutinario, pesado, alienante y sin cualificación en el que además se invierten muchísimas horas y se gana muy poco.

Bajo dos problemas iguales, en Cuba y en España, podemos adivinar ya, sin embargo, dos lógicas diferentes. Según narraba en el libro Cuba 2005 (Editorial Hiru), a mi regreso de un viaje a La Habana me encontré con un amigo español, biólogo de formación, que se dedica intermitentemente a la investigación y que se dolía, al hablar de oídas de la situación en Cuba, de que allí un maletero de hotel ganase más que un científico. Este hombre participaba en esos días en una protesta de 400 investigadores españoles que denunciaban la política de investigación en nuestro país y en general en la UE, donde los contratos precarios y discontinuos, un sistema de becas caprichosas y con límites de renovación y la dependencia del sector privado determinan que muchos de nuestros científicos jóvenes, al cabo de unos años, acaben expulsados de los circuitos de la investigación y tengan que hacerse operadores de Telefónica o camareros del Burger King. Mi amigo, que compadecía a los cubanos, no se daba cuenta de hasta qué punto su situación era peor que la de sus colegas isleños. En Cuba los científicos no piden trabajo: pueden hacer el trabajo que han escogido, en beneficio de su espíritu y de la humanidad, y sólo si no aguantan más, si quieren mejorar su propia situación personal, si les da la gana por razones particulares –elogiables o no- abandonan su campo para ejercer un empleo más embrutecedor pero mejor remunerado. Un cubano es libre –incluso según nuestro limitado y capcioso concepto de libertad- para escoger su trabajo con arreglo a su formación y sus ambiciones espirituales; o para escoger un salario más alto, a cambio de renunciar a satisfacer sus inquietudes intelectuales y su afanes humanistas. El caso de un científico español es exactamente el contrario: no se le deja servir a su alma, a su país y a la humanidad realizando el trabajo para el que se ha preparado y encima se le obliga a aceptar un salario muy bajo en un empleo embrutecedor. En Cuba el problema es básicamente de recursos económicos; sería sin duda bueno que sus científicos, como el resto de sus ciudadanos, alcanzasen un nivel mayor de bienestar material, pero en Cuba no se obliga a nadie a trabajar de maletero si se ha formado para neurobiólogo y se conforma con ganar muy poco (a cambio de un respeto, reconocimiento y prestigio que entre nosotros va siempre asociado al dinero y, por lo tanto, más a un futbolista que a un premio Nobel y más a un maletero, a condición de que fuera rico, que a un neurobiólogo). En España, al revés, el problema es el secuestro de recursos económicos inmensos por parte de un sistema de acumulación indiferente –porque no diferencia entre una vacuna y una bomba- que selecciona los programas de investigación y obliga a los científicos excedentes a trabajar de maleteros de hotel. Se podría decir que en Cuba las cosas ocurren como si –aunque no sea cierto- a los maleteros de hotel se les indemnizara económicamente por renunciar a un trabajo enriquecedor y prestigioso y realizar a cambio uno penoso e insatisfactorio; las cosas no son así, pero incluso este fallo extraño propone para el futuro, a mi juicio, un buen modelo de compensaciones. Se podría decir que España, al revés, impide a sus ciudadanos hacer el trabajo para el que se han formado y les castiga además bajándoles el sueldo.

Más terrible que esto, es comprobar cómo esta diferencia de modelo va acompañada de una diferencia mental correspondiente. No deja de ser curioso que mi amigo el biólogo español, que protestaba porque no podía dedicarse a la biología, en lugar de envidiar a su colega cubano porque él sí podía investigar, lo compadeciera porque ganaba menos que un maletero, como si uno debiese hacerse biólogo para ganar más. A esto se reduce, bajo la batidora del capitalismo, el modelo de ciencia universal y desinteresada invocado en nuestra tradición ilustrada: los jóvenes españoles que acaban siendo maleteros de hotel han intentado llegar a ser biólogos por la misma razón que algunos biólogos cubanos han acabado por elegir ser maleteros: para tener más dinero. En nuestro país, condenados al paro y con este horizonte mental, no es de extrañar que muchos de ellos, para evitar Telefónica o el Burger King, acepten sobornos de las petrolíferas para manipular informes sobre cambio climático o de las farmacéuticas para ocultar la inutilidad o incluso el peligro de algunos medicamentos.

Fijémonos ahora en un segundo problema: la vivienda. En la actualidad Cuba se enfrente a una grave crisis de vivienda. Es verdad que, al contrario que en España, nadie duerme en la calle, pero ocurre con mucha frecuencia que los jóvenes no pueden abandonar la casa de sus padres y que hasta tres generaciones tienen que compartir un espacio que, por eso mismo, se vuelve cada vez más angosto y asfixiante, con el consiguiente deterioro de la convivencia y del bienestar psicológico. La causa de este problema es tan terrible como sencilla: faltan casas y faltan recursos para construirlas. En este contexto, la solución que se ha inventado, la de la redistribución de los espacios a la medida de los cambios demográficos y familiares, genera inevitablemente conflictos personales y dificultades administrativas.

Pero este problema, ¿no nos resulta familiar en España? Cada vez los jóvenes españoles se emancipan más tarde del hogar materno; cada vez es más frecuente encontrar en una misma vivienda tres generaciones –abuelos, padres, hijos- compartiendo el mismo espacio, en un ambiente además de pugna y desasosiego recíproco; cada vez es más frecuente que el espacio habitable sea más angosto y asfixiante. Pero en este caso, a síntomas parecidos, la causa del problema es más difícil de comprender. En Cuba faltan casas y no tienen recursos para construir más; pero hete aquí que en España sobran casas y no se para de construir. Los jóvenes españoles no pueden acceder a una vivienda precisamente porque sobran casas. El parque de viviendas en España ha aumentado un 21% desde 1991 mientras que la población sólo ha crecido un 5%. Nuestro país tiene el mayor porcentaje de viviendas desocupadas de la UE: el número de casas vacías en el conjunto del Estado asciende al 14% y sólo en la Comunidad de Madrid hay 300.000 casas totalmente vacías y otras 300.000 sin ocupar por ser segunda residencia. El problema de España, tan incomprensible para el sentido común, es que hay demasiadas viviendas. Lo que sólo puede explicarse si introducimos –contra la propia Constitución española- una peculiar instancia económica que convierte las casas, no en un valor de uso inalienable, provisto de cuatro paredes y algunas ventanas, sino en una colección de cromos privados que tienen que cambiarse unas cuantas personas y que hay que acumular lo más deprisa posible en unas pocas manos; una instancia económica que convierte las casas, tan sólidas en apariencia, en títulos, acciones y billetes de papel.

Pasemos ahora a un tercer problema particularmente delicado: la corrupción. Como el propio Fidel Castro acaba de denunciar en un extraordinario discurso, una cierta corrupción ha acabado por penetrar el tejido de la revolución. Por un lado, existe eso que muy rigurosamente podríamos denominar “corrupción de baja intensidad” y que tiene que ver con eso que los propios cubanos nombran con el verbo “resolver”; es decir, con la necesidad de redondear el presupuesto familiar al margen de los circuitos laborales establecidos. Todos conocemos algún ejemplo de esta práctica muy extendida: el empleado público que utiliza el automóvil estatal, fuera de su horario, como taxi; el cigarrero que sustrae o desvía unos tabacos de la fábrica de puros; el jubilado que alquila una habitación a un extranjero. Y hay también, desgraciadamente, una corrupción de intensidad media; ésa precisamente que ha denunciado Fidel Castro y que, una vez más, está relacionada con la maldición bíblica del turismo y con las contradicciones económicas que ha introducido en la isla, sobre todo tras la descentralización parcial de la economía como medida de supervivencia durante el llamado “período especial” en la década de los 90. Si definimos el término corrupción como “la utilización de los poderes y los recursos públicos al servicio de los intereses privados”, creo que podemos calificar de corrupción tanto la primera como la segunda y hay que admitir, por mucho que nos duela, que también en Cuba hay corrupción.

Pero si aceptamos esta definición de corrupción (“poner los poderes y los recursos públicos al servicio de los intereses privados”) entonces hay que decir que no ocurre que haya también corrupción en el capitalismo; ocurre que corrupción y capitalismo son lo mismo y que la corrupción es el comportamiento normal, rutinario, ininterrumpido, de los gobiernos capitalistas. El capitalismo es corrupción y una corrupción de tan altísima intensidad que sus efectos se miden no en monedas sino en muertos; y no en cientos ni en miles ni en centenares de miles sino en millones de muertos. Con excepción de Cuba y Venezuela, todos los gobiernos del mundo han aceptado someter su independencia política y su dignidad moral al dictado de los intereses privados y han refrendado este sometimiento mediante la firma de acuerdos internacionales (TLC, ALCA, GATT) o la obediencia a organismos internacionales (OMC, FMI, BM) que someten todos los poderes y recursos públicos (agua, energía, semillas, minerales, petróleo) a las veleidades de los intereses privados. El registro de la corrupción del capitalismo es sencillamente –por ejemplo- la sección de economía de El País, donde se reflejan las claudicaciones de los gobiernos y los beneficios de las multinacionales, las cuales se jactan en el resto de las páginas del periódico de sus bajezas: eso que (terrible corrupción también lingüística) llamamos “publicidad”. El capitalismo es un sistema corrupto de producción y de consumo y esta corrupción, por tanto, se extiende como mancha de aceite a todos los niveles, desde las reuniones de Davos hasta las reuniones de vecinos. Nunca esta corrupción ha sido más evidente y nunca se ha puesto menos cuidado en respetar, al menos formalmente, la independencia de la instancia política: basta pensar en la intimidad orgánica entre la familia Bush y la industria del petróleo o entre el vicepresidente Cheney y Halliburton o entre Donald Rumsfeld y Gilead Sciences Inc.; basta pensar en el hecho de que el empresario más rico de Europa, Silvio Berlusconi, es al mismo tiempo el dueño de Italia. La imagen más vívida, más espectacular, más tangible, de esta corrupción estructural del capitalismo la ofrece, por lo demás, la ciudad de Madrid, réplica de Bagdad, en la que la especulación inmobiliaria y la industria del automóvil, mano a mano, destruyen y reconstruyen permanentemente sus calles y sus casas –horadan su suelo, derriban paredes, revientan plazas- conspirando contra el bienestar de sus habitantes.

La corrupción en Cuba es grave, pero constituye en cualquier caso una excepción individual a la regla. El peligro estriba en que la suma de excepciones, la generalización de la excepción, que nunca invalidará la regla, puede hacer inviable su aplicación. Por eso Fidel castro hace muy bien en tomársela completamente en serio. La corrupción en Cuba, en cualquier caso, sólo daña a la revolución y sólo destruye sus indudables logros. La corrupción del capitalismo es, en cambio, literalmente mortal. Basta espigar las páginas de los periódicos para contabilizar sus víctimas; lo normal es que –se me ocurren a la carrera algunos ejemplos- Arnold Schwarzeneger, gobernador de California, cobre 6,7 millones de dólares de las revistas de culturismo y boicotee por eso una ley que pretendía regular el sector de las dietas, responsable de la muerte de miles de personas todos los años; lo normal es que la farmacéutica Merck sólo retire el antinflamatorio Viexx, a sabiendas de sus efectos, después de que produzca 27.000 muertos; lo normal es que Nestlé envenene durante meses a sus clientes o que la casa Bayer denuncie al gobierno de Sudáfrica porque quiere curar a los cientos de miles de enfermos de SIDA de su país; lo normal es que si la multinacional SMAK despide a 22.000 trabajadores inmediatamente se disparen al alza sus acciones; lo normal, en suma, es que mueran 3 millones de congoleños en cinco años para que diez empresas occidentales, denunciadas por la ONU, puedan seguir vendiendo ordenadores personales y teléfonos celulares. En este sentido, podemos sin duda calificar con cierta severidad de corrupción de baja intensidad todo aquello que en Cuba se nombra con el verbo “resolver”; pero mucho más literalmente podemos definir así todo lo que entre nosotros nombramos con el verbo “comprar”. De algún modo todos los consumidores occidentales nos dedicamos permanentemente a la corrupción de baja intensidad cada vez que vamos al supermercado.

Pero la corrupción no es sólo el funcionamiento normal de una economía de destrucción generalizada que pone una y otra vez –y no tiene más remedio- los poderes y recursos públicos al servicio de los intereses privados; es además una mentalidad, una estética, un modelo psicológico y cultural. En España, como en el resto del occidente capitalista, se adora, se reverencia, se emula, se envidia, se aplaude la corrupción. Todos los años se publica la lista de los hombres más corruptos del planeta, con Bill Gates a la cabeza, y hasta los parados españoles estaban contentos este año porque entre ellos había por primera vez diez compatriotas. No sólo incurrimos en la corrupción de baja intensidad del consumo irresponsable sino que admiramos más que nada en el mundo la corrupción de alta intensidad.

La corrupción en Cuba, digo, es grave, pero es humana y revela la humanidad de un modelo que puede ser influido, para bien y para mal, por las decisiones individuales; que por esto mismo es frágil pero que por esto mismo es realmente un modelo político. La sociedad cubana es tan humana, para bien y para mal, que su supervivencia depende de los hombres que la componen y de lo que ellos hagan con sus instituciones y con sus leyes; y si la solidaridad y la resistencia pueden salvarla, la corrupción y la indiferencia pueden destruirla. Cuba es hasta tal punto humana, hasta tal punto está dominada por las decisiones políticas, que la corrupción individual puede dañarla. Por el contrario, el capitalismo es tan esencialmente corrupto, impersonal e inhumano que ninguna bondad individual puede corregirlo. La amplia zona capitalista del mundo se divide en dos partes; en una de ellas, la que corresponde al llamado Tercer Mundo, todas las soluciones individuales –el pequeño robo, el pequeño tráfico de drogas, la pequeña prostitución- constituyen delitos; en la otra, la que identificamos con el Primer Mundo, se puede destruir el mundo a gran escala sin violar jamás los mandamientos. En España podemos, en efecto, cumplir los mandamientos, pero el mero cumplimiento de los mandamientos no servirá jamás para sanear el capitalismo ni para salvar a los muertos que matará mañana. Es verdad que el capitalismo necesita –con perdón- un puñado de hijos de puta y es verdad que los que lo combatimos necesitamos una buena armadura moral, pero ni el capitalismo consiste en la suma de sus hijos de puta ni se lo puede derrotar extendiendo sólo la bondad. Esta es otra de las maravillosas vulnerabilidades de Cuba que la diferencian de su rival: pues mientras la generalización de la corrupción en la isla puede destruir la revolución, la generalización de la bondad en EEUU no puede destruir el capitalismo. La revolución es una cuestión de hombres; el Mercado es una cuestión de hambres; y el hambre impone su ley a todos sus vasallos por igual.

Acabo. Creo que a partir de estos ejemplos podemos ya vislumbrar hasta qué punto, allí donde la sociedad cubana y la sociedad capitalista comparten los mismos problemas, las diferencias se revelan inmediatamente no sólo en términos de costes humanos, degradación moral y destrucción de recursos, sino –y de ahí todas las otras diferencias- en términos de modelo.

La diferencia entre el modelo cubano y el modelo capitalista es la que existe entre un pequeño fracaso y un gran éxito. La revolución cubana quiere solucionar los problemas de vivienda de sus ciudadanos y no puede por falta de recursos; la revolución cubana quiere aprovechar al máximo, en beneficio de todos, el caudal formativo de sus ciudadanos y no puede por falta de recursos; la revolución cubana, consciente de lo que se juega, quiere acabar con la corrupción y no puede por una combinación de decisión humana y falta de recursos. Por su parte el capitalismo quiere que los jóvenes no tengan vivienda y que al mismo tiempo se construyan más y más casas y lo consigue; quiere que sus jóvenes universitarios trabajen en Telefónica o en el Burger King por una miseria y lo consigue; quiere que Enron deje sin luz la India y los EEUU y lo consigue; quiere que no se cure la malaria, que se derritan los polos, que se extingan 1.200 especies de aves y lo consigue; quiere que los africanos se mueran de hambre y lo consigue; quiere que los iraquíes giman, que los bolivianos no beban, que las senegalesas se prostituyan y lo consigue. El capitalismo, sí, al contrario que la revolución cubana, ha triunfado y triunfa totalmente.

Pero entre el pequeño fracaso corregible de la revolución cubana y el gran éxito incorregible del capitalismo, la política, la moral, la poesía –todo eso que Martí resumía en la palabra “decoro”- no dudan en señalarnos de qué lado debe estar nuestra elección.

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5 Mayo 2006

Carta de un cubano en México

Enrique Pérez
Rebelión

Soy cubano y hace cerca de 5 meses que estoy en Mexico. Lo que hoy les cuento es parte de mi experiencia diaria, es algo que de alguna manera me había sucedido antes otras veces desde que estoy aqui, pero que hoy en la forma en que me sucedió y por alguna razón me golpeó en la cara como una bofetada. Hace sólo unos minutos estaba yo dando vueltas por la cocina haciendo no se qué cosa y de pronto veo a mi esposa que entra buscando agua y me dice que es un chico que está fuera de la casa el que se la ha pedido. Salgo y por costumbre (cubana) le digo al chico que pase, no me gusta que esperen fuera, nunca me gustó dejar a nadie fuera de la casa esperando por algo. Entra el chico y debia tener cerca de diez años, bajito, de pelo liso, traía un recipiente plástico en las manos. Me pareció por la forma en que se conducia que debía de tener algun problema de retraso leve o algo así o quizás no, quizás sólo estaba desconcertado probablemente por el trato. Regresó a por el agua, se la llevó, la toma sin dejar de mirar con unos ojos entre asustados y tristes. Luego de que termina hace por salir y entonces trata de venderme lo que al final llevaba en el recipiente que eran tamales o empanadas. Mi esposa me pregunta si llevo sencillo arriba y le digo que no, que no traigo y le miro como diciéndole - "otro dia será" - y ahí mismo se me empieza a aflojar el chico y me empieza a rebajar el precio (que ya era bajo) de aquello que traía en el recipiente, y me decía - "se los dejo todos por cuarenta pesos" - y luego casi con lágrimas en los ojos me dice - "se los dejo en veinte pesos" - y yo de imbécil que no que no tengo dinero (y sí había dinero en la casa) y finalmente cerramos la puerta. En el momento en que la cierro me han venido de golpe treinta y tantos años en mi patria de no ver un chico sin zapatos en la calle, de no ver un niño sin vacunas, sin amparo, sin escuelas, sin atencion medica, un niño que tenga que prostituirse o que vender nada en la calle, o limpiar cristales mientras evaden el trafico demente de la ciudades y se tragan el humo de tantos y tantos automóviles de lujo. Me sentí un mierda por haberle negado al chico aunque hubiera sido comprarle los tamales o lo que fuera en el precio que fuera y tuve que volver a abrir y subí las escaleras y tomé algun dinero que encontré, veintitantos pesos, y se los di y le dije quédate tus empanadas, toma este dinero y la porquería de dinero que le estaba dando me hizo sentir más basura todavia, más egoista y sentí verguenza y recordé todos mis años en Cuba de necesidades y carencias que al lado de la carita triste del chico me parecieron un paraiso y entendí como vengo entendiendo desde que estoy aqui cuán grande es mi pueblo, ese que anda a pie, que estira el pollo para que alcance para todos, que comparte el azucar y las medicinas con la vecina, ese que se va a las marchas con agua con azucar en la barriga muchas veces pero que no duerme sin comer, el de las guaguas rellenas hasta el techo, el de los apagones, el de todos los dias, el que no cede. Mientras tanto, el resto del mundo sigue escupiendo en la cara de Cuba y hablo de los poderosos pero tambien del resto de los de abajo que se dejan hipnotizar mientras pegados al televisor miran la novela o la misma historia repetida hasta la saciedad de Carmen Campuzano o de Ana Barbara y el Pirru o los noticiarios y repiten la misma letanía contra Cuba - derechos humanos, derechos humanos, dictadura, dictadura y no tiene ni puta idea de lo que son derechos humanos porque nunca los han visto delante porque les enseñaron que derechos humanos es vilipendiar al prójimo sin verguenza ni recato y que se les permita y luego le dicen a eso libertad de expresion y etc etc etc y me preguntan cuando saben que soy cubano - ¿y como aguantan ustedes a Fidel? - y no se les ocurre otra que esa pregunta estupida y no saben que lo que "aguantan" son ellos y ven como lo mas natural del mundo que el presidente que les vendió el pais a los americanos salga en la tele diciendo "mañana México será mejor que ayer" (pero no especifica cuando será "mañana" ni en qué y para quiénes será mejor México). Ahí se los escribo y les pido perdon a los cubanos que siguen "aguantando" porque muchas veces no entendí muchas cosas en Cuba y hoy las entiendo y a los hermanos mexicanos, a los buenos, a los honrados a los que piensan que hay algo que no anda bien mejor se alzan cuates que por las buenas ..... no lo creo.

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3 Mayo 2006

"Pincha la burbuja. No compres vivienda: alquila"

KAosenlared
Los cálculos de todos analistas son que las viviendas están entre un 50% y un 150% por encima de su valor real. Si conseguimos pinchar la burbuja inmobiliaria, y ahora mismo se dan unas condiciones idóneas para ello, en un plazo que puede oscilar entre los 18 y los 24 meses, te comprarás la casa de tus sueños a la mitad de su precio actual. Tú decides si quieres gastarte ahora 80 millones de pesetas en un piso “inflado” o si prefieres comprártelo por 40 dentro de 22 meses.

¿Cómo se pincha la Burbuja?

Como ya se ha dicho repetidamente en este y otros foros, la clave para que bajen los precios de las viviendas es que se reduzca la demanda. Eso es indiscutible desde la perspectiva de la economía de mercado (y no hay otra). Mientras haya una fuerte demanda (o incluso simples expectativas de demanda) la especulación hará su agosto .

Hay tres grupos de demandantes de vivienda en España:

1) las personas que realmente necesitan una vivienda, bien porque buscan autonomía personal o quieren formar una familia, o bien porque quieren dejar de pagar un alquiler. Este grupo lo forman casi exclusivamente jóvenes de entre 20 y 35 años y trabajadores inmigrantes.

2) Los inversores/especuladores que, con intención de explotar la necesidad del grupo anterior, utilizan sus excedentes de capital (sea por ahorro, beneficios empresariales, rendimientos de negocios familiares, especulación en bolsa o como rédito de algún tipo de delincuencia organizada) para adquirir viviendas y, amparándose en un régimen fiscal altamente favorable, esperar a que suban lo bastante para devolverlas al mercado sensiblemente encarecidas.

3) Los nacionales (o extranjeros, de la CE principalmente) que buscan una segunda residencia.

Afortunadamente el grupo más numeroso, todavía, es el primero; por lo que está en su mano encauzar la oferta y la demanda hacia una bajada de precios. No obstante, hay una serie de obstáculos que hay que vencer para que ese grupo tome conciencia de que puede y debe hacerlo. Todos ellos son factores psicológicos de una terrible fuerza: la idea de que alquilar es tirar el dinero, de que no se es verdaderamente libre hasta que no se posee el lugar donde se vive, de que en una comunidad mercantilista no se es nadie si no se es propietario de algo y, por supuesto, la quimera de que comprando no solo se convierte uno en propietario, sino también en inversor, por lo que empieza uno a enriquecerse desde el mismo momento en que firma la hipoteca.

Por otro lado, una serie de grupos con enormes intereses en el sector alimentan constantemente esa postura psicológica y fomentan la obsesión de la gente por adquirir vivienda al precio que sea: los promotores inmobiliarios, las entidades financieras, las agencias de compra-venta de inmuebles, los inversores/especuladores (el segundo grupo de demandantes al que nos hemos referido antes) y hasta el propio gobierno, al que se ha convencido de que el PIB nacional depende tanto de un alza en los precios de las viviendas que sería una catástrofe que éstas bajaran.

Desgraciadamente hay otro grupo más numeroso e influyente que todos esos y que presiona en la misma dirección: son todos aquellos que ya tienen solucionado el problema porque ya compraron, y que instan constantemente a quienes todavía no lo han hecho, a que lo hagan. Este grupo, a pesar de no tener intereses directos, ejerce mucha más presión que los otros, dado que en él se incluyen los familiares, amigos y conocidos de todos los que buscan vivienda, y sus posturas van desde una sincera preocupación por su problema hasta considerarlos idiotas –esta última es típica de quien se ha hipotecado recientemente a 40 años o más (seguramente no estará muy seguro de lo que ha hecho) –

A pesar de todos estos condicionantes, a pesar de sentirse desvalido y presionado desde todos los ámbitos, el futuro comprador puede hacerse dueño de la situación con suma facilidad.

¿Por qué son idóneas las condiciones actuales para pinchar la burbuja?

* En primer lugar porque los precios han alcanzado unos niveles tan desorbitados que ya empiezan a fallar todas las trampas que el mercado ha venido poniendo para “cazar” nuevos compradores, la más perniciosa de las cuales ha sido la ampliación de los plazos de amortización de los créditos hipotecarios, que han llegado ya a los 50 años. La gente tiene que asumir que una hipoteca a 50 años es en realidad una deuda intergeneracional, y que es moralmente inaceptable lastrar el futuro de sus hijos, muchos de los cuales aún no han nacido, con cargas que no sabemos si aceptarían.

* En segundo lugar porque los precios han ralentizado su ascenso y es más fácil que la gente se convenza de que merece la pena esperar a ver que pasa.

* En tercer lugar porque hemos entrado en una crisis del petróleo que disparará la inflación y hará subir el precio del dinero (los tipos de interés), por lo que las cuotas mensuales se pondrán prohibitivas, incluso a 50 años de amortización.

Así pues, lo único que falta para cerrar el círculo es que el principal grupo de compradores, los que de verdad necesitan una vivienda, decidan demorar por un tiempo la compra. Si alquilan durante un par de años (como máximo), los aproximadamente 2,5 millones de pesetas que se gastarán en ello son, en realidad, la mejor inversión de su vida, ya que puede suponerles unos ahorros de hasta 50 millones, dependiendo del tipo de inmueble que estén buscando ¿Alguien conoce algún valor, fondo de inversión, imposición bancaria u obligación del Estado capaz de alcanzar una revalorización del 2000% en dos años?

En el mercado hay sobrada oferta de viviendas de alquiler y a precios razonables, sobretodo si los comparamos con los precios de venta. Considerar una estupidez pagar por un alquiler es como considerar que pagar por una habitación de hotel es cosa de idiotas. Alguien te ofrece un servicio (en este caso pone a tu disposición una vivienda durante un determinado periodo de tiempo) y tú pagas por ello ¿Qué hay de estúpido en esa transacción comercial? Cuando se dice que por el mismo precio del alquiler, o algo más, podrías comprar casa mediante una hipoteca a un plazo lo bastante largo, se olvida que con los precios de venta actuales, a lo que puedes acceder es a una vivienda mucho más pequeña y peor situada que la que consigues alquilando, y que estarás pagando ese precio (o bastante más si los tipos de interés suben) durante 40 o 50 años. O visto de otro modo, con el capital e intereses que hay que invertir para comprar una vivienda, podrías alquilarla durante 100 años o más ¿Quién es entonces el estúpido?

¿Qué pasa si, a pesar de todo, los precios no bajan?

Ese es un escenario económicamente improbable y sociológicamente imposible. Los únicos requisitos para que la estrategia no falle son que la gente se mantenga en sus trece como mínimo durante un año y medio y, por supuesto, que la postura de alquilar en vez de comprar, sea ampliamente secundada. Sin embargo, hay que tener muy claro el escenario que se producirá una vez que la gente se decida a pinchar la burbuja. Esta es quizá la parte más importante de esta propuesta y por eso debería ser difundida y leída por el mayor número posible de personas interesadas.

1.-En los primeros meses el mercado apenas mostrará reacción. Sus agentes (inmobiliarias, órganos de la Administración, bancos, etc.) no mostrarán mayor alarma e incluso de instalarán con más fuerza en su postura de la bicoca: “compre ya y hágase usted también rico”. Es posible que al empezar a bajar los precios (las primeras en resentirse serán las viviendas que más han subido) los inversores/especuladores aprovechen para hacer algunas adquisiciones en lo que puede parecer un buen negocio, por lo que proporcionarán al mercado un pequeño balón de oxígeno.

2.-Una vez pasada esa primera aparente reacción al alza, los precios empezarán a caer, ahora ya en caída libre. La explicación es muy sencilla. Aunque algunos inversores “ingenuos” han visto una buena oportunidad en cuanto los precios se han estancado o han bajado un poco, la mayoría, versados todos ellos en las lides de la especulación, estaban a la expectativa y, en cuanto se dan cuenta de que la reacción al alza es solo un espejismo, se lanzan en tromba a liquidar sus inversiones. Esa es la dinámica de todo crack especulativo, y ha habido ya unos cuantos.

3.-En este momento, calculo que al año más o menos desde que la gente se decidió por el alquiler, ya se ha puesto de nuestra parte, muy a su pesar, el grupo de los especuladores; precisamente el que más daño hizo en la fase de inflación. Por supuesto, vendrán los pánicos de las entidades financieras y del gobierno, las llamadas a la tranquilidad, el anuncio de ayudas al sector, las medidas para reactivar la demanda, etc.

4.-Pero hay que mantenerse firmes, Que no te convenzan de que tú eres el culpable de nada: ni del paro en la construcción, ni de las dificultades de tal o cual empresa, ni mucho menos de la reducción del PIB o del estancamiento económico. Tú solo querías y quieres comprarte una vivienda a precio real de mercado y no gravada con una especie de “impuesto revolucionario” que iba a parar a manos de unos cuantos especuladores sin escrúpulos. Fue el gobierno el que te empujó a actuar por tu cuenta al no hacer nada para regular un mercado basado en la rapiña y la corrupción.

A pesar de que los precios ya han bajado bastante y puede resultar tentador comprar, hasta que la vivienda deseada no esté al 50% del valor que tenía al inicio del proceso, conviene no hacerlo; tanto por la pérdida absurda de dinero que ello supone como por el riesgo de detener el proceso antes de tiempo. Date cuenta que la demanda se está acercando a cero, puesto que no solo los compradores necesitados se han decidido a esperar y los especuladores a vender, sino que quienes buscaban una segunda residencia, o sea, quienes menos prisa tenían por comprar, a la vista de lo que está ocurriendo, también habrán dejado su decisión en suspenso.

5.-En la fase final del proceso las propias agencias de compra-venta, que tan dañinas han sido en la fase de inflación de precios, también se pondrán de nuestra parte. Piénsese que estas empresas son neutras en cuanto a que el mercado esté al alza o a la baja (si bien prefieren lo primero antes que lo segundo, puesto que sacan más dinero en cada transacción). Lo que no se pueden permitir es que el mercado se paralice, por lo que si antes decían a sus clientes vendedores que podían sacar a sus inmuebles muchos más millones que los que nunca hubieran soñado, ahora les dirán que vendan por lo que sea.

Así pues, el pinchazo de la burbuja inmobiliaria es un proceso que se alimenta a sí mismo. Lo único que tenemos que hacer quienes necesitamos una vivienda es sentarnos a esperar en nuestra butaca de nuestro piso de alquiler.

Pero que nadie se alarme, el país no se hundirá por ello. Afortunadamente España cuenta con sectores más imaginativos, más saneados y más honestos para crecer económicamente. No solo eso, sino que una vez racionalizado y equilibrado el sector de la construcción, éste volverá a quedar en manos de los empresarios más especializados y más capaces (ahora mismo promueven viviendas hasta los toreros), desapareciendo felizmente de la escena tanto personaje siniestro, prevaricador y corrupto.

Por último, el presupuesto básico de esta propuesta es que suscite una respuesta masiva de quienes necesitan comprar, decidiéndose por el alquiler; para lo cual es necesario que llegue al máximo posible de personas interesadas. Se podrían difundir mensajes cortos como los que aparecen al principio de propuesta, ya sea mediante bloggs, foros, e-mail o SMS, aunque siempre poniendo como referencia esta página web o alguna otra donde pueda leerse o descargarse el contenido completo de la propuesta. Son también válidas las pegatinas en autobuses o escaparates, las chapas, los anuncios en los tablones de la Universidad o en las secciones de compraventa de los periódicos, etc. En todo caso, lo que hay que cambiar es la tendencia de la presión a la que se ven sometidos los posibles compradores por su entorno más próximo, de ahí que sea muy importante una masiva inundación de mensajes a favor del alquiler como medida temporal para poder acceder a una vivienda digna en propiedad.

e-mail: info@viviendadigna.org
http://www.viviendadigna.org

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"El totalitarismo se ha expandido por doquier en la medida en que la estructura supranacional impone su ley a las naciones. Existe una superestructura no democrática que da las órdenes, sanciona, fija embargos, bombardea y mata de hambre. El totalitarismo financiero ha sometido a los poderes políticos. El totalitarismo es frío. No conoce de sentimientos ni piedades. Es preciso subrayar que no podemos resistir frente a un banco, y sin embargo se puede salir de cualquier dictadura política" -Alexander Zinoviev- ----------------------------------------------------------------------------------- "SI NO SOIS SUSPICACES LOS PERIODICOS LOGRARAN QUE ODIEIS A LOS OPRIMIDOS Y AMEIS A LOS OPRESORES" - Malcolm X (1964) ----------------------------------------------------------------------------------- "Por tanto, este problema requiere un nuevo equilibrio internacional. Un nuevo orden económico y político mundial. ¿Cómo se resuelve sin pérdida de la capacidad de acumulación del sistema capitalista, del Norte en relación con el Sur? ¿Qué formación política va a plantear eso de una manera descarada? ¿Van a llegar los socialistas y van a decir: "Para que ustedes no se horroricen cada noche cuando conectan el noticiario y ven los niños de Somalia muriéndose de hambre, aprétense más el cinturón: no por la reconversión industrial, sino porque hay que repartir la capacidad de producción, de consumo y de acumulación"?" Manolo Vázquez Montalbán

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