Categoría: Actualidad
19 Enero 2007
JULIO CASTRO
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Pasado el trago de estos días en que un grupúsculo de la derechona facciosa de toda la vida andaba intentando enmendar todo, desde el gobierno hasta la ciudadanía, y guardado el debido respeto por fomentar la unidad de acción, sobre todo de los ciudadanos y ciudadanas de este país (que creo que merecemos tod@s un respeto), también hay que hablar de cagadas y de autores de otra índole.
El pasado día 10, en medio de la convocatoria de manifestación unitaria por el atentado de ETA y su consecuencia más grave e inmediata, la muerte de dos trabajadores ecuatorianos, José María Fidalgo, el máximo “representante” de uno de los sindicatos mayoritarios de este país, Comisiones Obreras, salta a la palestra de los medios de comunicación a demostrar una vez más su mala uva, y su talante neofacha desde un sindicato que, me acuerdo yo, era socialista y de clase. Y como no tiene nada positivo que decir, arremete contra la convocatoria de la manifestación, diciendo que CCOO no debería "nunca" participar en movilizaciones contra el terrorismo "concebidas para sacar a la faz de la opinión divisiones en cuanto a la estrategia" (según recogieron rápidamente los medios más rancios y neofascistoides dependientes de la iglesia y el PP, aunque enseguida se desparramó por toda la prensa).
De Fidalgo, ya, casi nada me sorprende, pero hacer de coreógrafo de Rajoy y de Alcaraz me parece, sinceramente, repugnante. ¿Qué aguarda? ¿Un puestecillo en la FAES, o en Génova cuando le den el pasaporte en Comisiones Obreras? Aunque así fuese, me parece un exceso, por diversos motivos:
Porque era el sindicato Comisiones Obreras de Madrid, junto con la UGT, de Madrid también, los que promovían la manifestación organizada por la Federación Nacional de Asociaciones de Ecuatorianos de España.
Porque eran dos trabajadores inmigrantes los que habían sido asesinados, en condiciones precarias de vida en nuestro país.
Porque obligó a su propio sindicato en Madrid a hacer piruetas para no tener que acordarse de sus genes ante tales declaraciones y mantener el tipo con más ahínco pero perdiendo fuerza en la convocatoria (ahí, bien por Javier López, Secretario de Madrid).
Porque no aprendió nada con lo de SINTEL, con las numerosas meteduras de pata y abandonos.
Este individuo parece abocado a hacer todo el daño que pueda a su sindicato, que obviamente, cada vez va girando más a la derecha en su cabecera, ante el estupor y la impotencia de sus bases. Es como si la adaptación a la política neoliberal fuese absoluta, de manera que, si se consigue algo para los trabajadores, son subidas miserables alejadas de la realidad económica del país y la empresa, pero sobre todo, con propuestas de sometimiento alejadísimas de los derechos sociales, sindicales y laborales que, en muchas ocasiones, nada tienen que ver con la nómina.
No contento con la declaración anterior, añade “no sé quién va ir a la manifestación, ni si iré yo, no tengo ninguna decisión tomada”, y en un remate de inteligencia suprema, afirma “Esta manifestación no ha sido convocado por la comisión ejecutiva federal de CCOO sino por las organizaciones de Madrid de CCOO y UGT y la Federación Nacional de Ecuatorianos […] A mí no me incumbe como secretario general traducir lo que otros han hecho”. Si al Secretario General de CCOO no le incumben las decisiones de su sindicato, imagínense a los demás: es que nos la sudan… es un poco lo que se podría deducir de sus palabras, y me parece vergonzoso y ponzoñoso.
José María Fidalgo en cabeza de manifestación por asesinato de trabajadores ecuatorianos.
Foto: Julio CastroBueno, pues si no pensaba asistir, y resulta que le leyeron la cartilla (cosa que me parece adecuada, dado el cargo que ocupa), lo que me parece más asqueroso de su actitud es la de sumarse a la pancarta de cabecera, donde se lució (de nuevo, más solo que la una) durante todo el recorrido. Pero, además, en un brote de descaro, decidió subir al escenario que se había ubicado en la Puerta de Alcalá, al final del recorrido, dónde se lució durante todo el acto de lectura del manifiesto. Eso sí, no se le movió ni una arruga.
José María Fidalgo en el escenario tras manifestación por asesinato de trabajadores ecuatorianos.
Foto: Julio CastroNo soy ni he sido nunca de la UGT, porque me parece que está bastante alejada de mi ideología, pero por desgracia he de decir que sí he pertenecido a Comisiones Obreras. Estoy hasta el gorro de ver cómo entre una panda de personajillos destrozan lo que fuera un sindicato histórico, y como los verdaderamente históricos y los trabajadores actuales, lo sufren con vergüenza propia y ajena. A ver cuándo se produce un revolcón de esta masa parloteante que tanto daño viene haciendo a los trabajadores desde hace tantos años. Para contraste decir que, entretanto, José Ricardo Martínez, de UGT-Madrid, encabezó toda la manifestación, apoyado por Cándido Méndez que no hizo uso de protagonismos, sino, al contrario, fue, como fuimos la mayoría, a solidarizarse con dos trabajadores asesinados por el terror y a reclamar el fin de la absurda violencia.
No volveré a formar parte de un sindicato, en tanto no sea un sindicato obrero, de clase, que aboga por el socialismo, y que tenga verdadera conciencia de todo ello: de obrero, de clase y de socialista. Pero sobre todo, de sindicato. Igual no puedo volver a militar sindicalmente nunca. Bueno, siempre nos queda la solidaridad y las calles, que ya no son de Fraga.
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6 Enero 2007
LEON TROTSKY
Nuestros enemigos de clase tienen la costumbre de quejarse de nuestro terrorismo. No resulta claro que quiere decir. Les gustaría ponerles el rótulo de terrorismo a todas las acciones del proletariado dirigidas contra los intereses del enemigode clase. Para ellos, el método principal del terrorismo es la huelga. La amenaza de una huelga, la organización de piquetes de huelga, el boicot económico aun patrón superexplotador, el boicot moral a un traidor de nuestras propias filas: todo esto y mucho más es calificado de terrorismo. Si por el terrorismo se entiende cualquier que atemorice o dañe al enemigo, entonces la lucha de clases no es sino terrorismo. Y lo único que resta considerar es si los políticos burgueses tienen derecho a proclamar su indignación moral acerca del terrorismo proletario, cuando todo su aparato estatal, con sus leyes, policía y ejército no es sino un instrumento del terror capitalista.
Sin embargo, debemos señalar que cuando nos echan en cara el terrorismo, tratan, aunque no siempre en forma consciente, de darle a esta palabra un sentido más estricto, menos indirecto. Por ejemplo, la destrucción de las máquinas por parte de los trabajadores es terrorismo en este sentido estricto del término. La muerte de un patrón, la amenaza de incendiar una fábrica o matar a su dueño, el atentado a mano armada contra un ministro: todos éstos son actos terroristas en el sentido estricto del término. No obstante, cualquiera que conozca la verdadera naturaleza de la socialdemocracia internacional debe saber que ésta se ha opuesto de la manera más irreconciliable a esta clase de terrorismo.
¿Porqué? El "terror" mediante la amenaza o la acción huelguística es patrimonio de los obreros industriales o agrícolas. La significación social de una huelga depende, en primer término, del tamaño de la empresa o rama de la industria afectada; en segundo lugar, del grado de organización, disciplina y disposición para la acción de los obreros que participan. Esto es cierto tanto en una huelga económica como en una política. Sigue siendo el método de lucha que surge directamente del lugar que en la sociedad moderna ocupa el proletariado en el proceso de producción.
Para desarrollarse, el sistema capitalista requiera una superestructura parlamentaria. Pero al no poder confinar al proletariado en un ghuetto político, debe permitir tarde o temprano, su participación en el parlamento. En las elecciones se expresa el carácter masivo del proletariado y su nivel de desarrollo político, cualidades determinadas por su rol social, sobre todo por su rol en la producción.
Al igual que en una huelga, en las elecciones el método, objetivos y resultado de la lucha dependen del rol social y la fuerza del proletariado como clase.
Sólo los obreros pueden hacer huelga. Los artesanos arruinados por la fábrica, los campesinos cuya agua envenena la fábrica, los lumpenproletarios en busca de un buen botín, pueden destruir las máquinas, incendiar la fábrica o asesinar al dueño.
Sólo la clase obrera consciente y organizada puede enviar una fuerte representación al parlamento para cuidar de los intereses proletarios. Sin embargo, para asesinar a un funcionario del gobierno no es necesario contar con las masas organizadas. La receta para fabricar explosivos es accesible a todo el mundo, y cualquiera puede conseguir una pistola.
En el primer caso hay una lucha social, cuyos métodos y vías se desprenden de la naturaleza del orden social imperante; en el segundo, una reacción puramente mecánica que es idéntica en todo el mundo, desde la China hasta Francia: asesinatos, explosiones, etcétera, pero totalmente inocua en lo que hace al sistema social.
Una huelga, incluso una modesta, tiene consecuencias sociales: fortalecimiento de la confianza en sí mismos de los obreros, crecimiento del sindicato, y, con no poca frecuencia, un mejoramiento en la tecnología productiva. El asesinato del dueño de la fábrica provoca efectos policíacos solamente, o un cambio de propietario desprovisto de toda significación social.
Que un atentado terrorista, incluso uno "exitoso", cree la confusión en la clase dominante depende de la situación política concreta. Sea como fuere, la confusión tendrá corta vida; el estado capitalista no se basa en ministros de estado y no queda eliminado con la desaparición de aquéllos. Las clases a las que sirve siempre encontrarán personal de reemplazo; el mecanismo permanece intacto y en funcionamiento.
Pero el desorden que produce el atentado terrorista en las filas de la clase obrera es mucho más profundo. Si para alcanzar los objetivos basta armarse con una pistola, ¿para qué sirve esforzarse en la lucha de clases? Si una medida de pólvora y un trocito de plomo bastan para perforar la cabeza del enemigo, ¿qué necesidad hay de organizar a la clase? Si tiene sentido aterrorizar a los altos funcionarios con el rugido de las explosiones, ¿qué necesidad hay de un partido? ¿Para qué hacer mítines, agitación de masas y elecciones si es tan fácil apuntar al banco ministerial desde la galería del parlamento?
Para nosotros el terror individual es inadmisible precisamente porque empequeñece el papel de las masas en su propia conciencia, las hace aceptar su impotencia y vuelve sus ojos y esperanzas hacia el gran vengador y libertador que algún día vendrá a cumplir su misión.
Los profetas anarquistas de la "propaganda por los hechos" pueden hablar hasta por los codos sobre la influencia estimulante que ejercen los actos terroristas sobre las masas. Las consideraciones teóricas y la experiencia política demuestran lo contrario. Cuanto más "efectivos" sean los actos terroristas, cuanto mayor sea su impacto, cuanto más se concentre la atención de las masas en ellos, más se reduce el interés de las masas en ellos, más se reduce el interés de las masas en organizarse y educarse.
Pero el humo de la explosión se disipa, el pánico desaparece, un sucesor ocupa el lugar del ministro asesinado, la vida vuelve a sus viejos cauces, la rueda de la explotación capitalista gira como antes: sólo la represión policial se vuelve más salvaje y abierta. El resultado es que el lugar de las esperanzas renovadas y de la excitación artificialmente provocada viene a ocuparlo la desilusión y la apatía.
Los esfuerzos de la reacción por poner fin a las huelgas y al movimiento obrero de masas han culminado, generalmente, siempre y en todas partes, en el fracaso. La sociedad capitalista necesita un proletariado activo, móvil e inteligente; no puede por tanto, tener al proletariado atado de pies y manos por mucho tiempo. En cambio la "propaganda por los hechos" de los anarquistas ha demostrado cada vez que el Estado es mucho más rico en medios de destrucción física y represión mecánica que todos los grupos terroristas juntos.
Si esto es así, ¿qué pasa con la revolución? ¿Queda negada o imposibilitada? De ninguna manera. La revolución no es una simple suma de medios mecánicos. La revolución sólo puede surgir de la agudización de la lucha de clases, su victoria la garantiza sólo la función social del proletariado. La huelga política de masas, la insurrección armada, la conquista del poder estatal; todo está determinado por el grado de desarrollo de la producción, la alineación de las fuerzas de clase, el peso social del proletariado y, por último, por la composición social del ejército, puesto que son las fuerzas armadas el factor que decide el problema del poder en el momento de la revolución.
La socialdemocracia es lo bastante realista como para no desconocer la revolución que está surgiendo de las circunstancias históricas actuales; por el contrario, va al encuentro de la revolución con los ojos bien abiertos. Pero, a diferencia de los anarquistas y en lucha abierta con ellos, la socialdemocracia rechaza todos los métodos y medios cuyo objetivo sea forzar el desarrollo de la sociedad artificialmente y sustituir la insuficiente fuerza revolucionaria del proletariado con preparaciones químicas.
Antes de elevarse a la categoría de método para la lucha política el terrorismo hace su aparición bajo la forma del acto individual de la venganza. Así fue en Rusia, patria del terrorismo. Los azotes a los presos políticos llevaron a Vera Zasulich a expresar el sentimiento de indignación general con un atentado contra el general Trepov. Su ejemplo cundió entre la intelectualidad revolucionaria, desprovista del apoyo de las masas. Lo que comenzó como un acto de venganza perpetrado en forma inconsciente fue elevado a todo un sistema en 1879-1881.Las oleadas de atentados anarquistas en Europa Occidental y América del Norte siempre se producen después de alguna atrocidad cometida por el gobierno: fusilamientos de huelguistas o ejecuciones de la oposición política. La fuente psicológica más importante del terrorismo es siempre el sentimiento de venganza que busca una válvula de escape.
No hay necesidad de insistir en que la socialdemocracia nada tiene que ver con esos moralistas a sueldo que, en respuesta a cualquier acto terrorista, hablan solamente del "valor absoluto" de la vida humana. Son los mismos que en otras ocasiones, en nombre de otros valores absolutos -por ejemplo, el honor nacional o el prestigio del monarca- están dispuestos a llevar a millones de personas al infierno de la guerra. Hoy su héroe nacional es el ministro que da la orden de abrir fuego contra los obreros desarmados, en nombre del sagrado derecho a la propiedad privada; mañana, cuando la mano desesperada del obrero desocupado se crispe en un puño o recoja un arma, hablarán sandeces acerca de lo inadmisible de la violencia en cualquiera de sus formas.
Digan lo que digan los eunucos y fariseos morales, el sentimiento de venganza tiene sus derechos. Habla muy bien a favor de la moral de la clase obrera el no contemplar indiferente lo que ocurre en éste, el mejor de los mundos posibles. No extinguir el insatisfecho deseo proletario de venganza, sino, por el contrario, avivarlo una y otra vez, profundizarlo, dirigirlo contra la verdadera causa de la injusticia y la bajeza humanas: tal es la tarea de la socialdemocracia.
Nos oponemos a los atentados terroristas porque la venganza individual no nos satisface. La cuenta que nos debe saldar el sistema capitalista es demasiado elevada como para presentársela a un funcionario llamado ministro. Aprender a considerar los crímenes contra la humanidad, todas las humillaciones a que se ven sometidos el cuerpo y el espíritu humanos, como excrecencias y expresiones del sistema social imperante, para empeñar todas nuestras energías en una lucha colectiva contra este sistema: ése es el cauce en el que el ardiente deseo de venganza puede encontrar su mayor satisfacción moral.
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2 Enero 2007
...de Pascual Serrano :
Causas desconocidas
El 11 de diciembre, en TVE 1 hablan de un informe de la ONU que afirma que la mayoría de las mujeres de Africa y Asia sufren explotación y abusos laborales. Me pregunto por qué nunca dicen a manos de qué sistema económico y político sufren todo eso, porque no será por la ubicación geográfica de esos continentes.
Concepto de desastre
Durante el programa especial de TVE1 del 20 de diciembre celebrando el 50 aniversario de la cadena, Jesús Hermida repasa las noticias más destacadas de diferentes años. Tras las imágenes del tsunami, aparece un titular que dice “1986, rumbo al desastre”, y aparecen las escenas de la destrucción del Challenger”. O sea que el desastre fue "los seis muertos del Challenger" no los trescientos mil del tsunami.
Represión comunista
En ese mismo programa, informan sobre cómo “las autoridades comunistas reprimen en Tiananmen”. Me pregunto porqué no dicen “las autoridades capitalistas” cuando la represión es en México, Seúl o Bagdad.
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12 Diciembre 2006
Etienne Balibar y otros firmantes
Espai Marx/Rebelión
La resolución aprobaba por el Parlamento europeo, el 24 de octubre de 2006, referente al cincuenta aniversario de la revolución húngara de 1956 y a su significado histórico para Europa, en el Párrafo 3, « subraya que la comunidad democrática debe rechazar inequívocamente la ideología comunista represiva y antidemocrática y defender los principios de libertad, democracia, derechos humanos y estado de derecho y tomar una clara posición cada vez que ellos sean violados». Sin embargo, ha sido rechazada una enmienda que condena tudas las iniquidades cometidas en nombre del comunismo, pero en realidad incompatibles con aquel movimiento en cuanto aspiración a la justicia y a la libertad. Los redactores de este documento se asocian a la condena de cualquier acción represiva dirigida a imponer un orden autoritario de tipo imperialista que ahogue la expresión de necesidades, aspiraciones, concepciones en continuo desarrollo en la sociedad civil. Sabemos que la distorsión estalinista del comunismo ha dato lugar, a vasta escala, a acciones repressivas que han comprometido, en la consciencia de millones y millones de mujeres y de hombres, el valor de una idea: la construcción de un sentido común o comunista a partir del cual edificar nuevas formas de vida asociada y de participación civil. Por esto consideramos que los parlamentarios europeos, que han expresado un juicio sumario sobre el comunismo, si exponen a la sospecha o bien de una formación cultural insuficiente o bien de una larvada aquiescencia oportunista.
Es preocupante carencia cultural ignorar un largo itinerario que es historia porque es pensamiento alto, cuyas raíces se llama (por decir solo algunos nombres) el Platón assertore de un mundo inmaterial y de valores ideales que culminan en el Bien y en la Justicia, el Tomás Moro santificado por la iglesia católica también en razón de su utopía igualitaria, un Karl Marx che invocaba la libertad di cada uno como condición de la libertad de todos, y che anche la opinión común de nuestro tiempo reconoce como un grande maestro de la humanidad, un Antonio Gramsci, cuyo pensamiento puede resumirse en el concepto de la historia como anhelo de libertad, y que es el pensador italiano, después de Dante Alighieri, más estudiado y más traducido en todos los continentes. La civilización europea querrá pues, cortar una de sus raíces históricas? Y aquellos cue, desde sus cátedras, imparten a los jóvenes estudiosos o estudiantes la lección de aquellas obras clásicas deberán dejarlas de lado olvidando aquella otra raíz que es la Ilustración? En la historia del siglo XX, mientras la lucha contra el fascismo (en el cual ideología totalitaria y represión política policial coincidían plenamente y bajo cualquier perfil) ha sido la necesaria premisa para reconquistar la democracia, al contrario el anticomunismo virulento ha abierto camino en todos sitios, in Europa como en las Américas, a la subida del fascismo. ¿A quién beneficia entonces rebautizar bajo el signo del anticomunismo la revuelta húngara si la moción misma del parlamenti europeo, en el punto F de las premisas e incurriendo en una contradicción, rinde "homenaje al coraje humano y político de Imre Nagy, el primer ministro comunista-reformador de Hungría" y si ese movimiento fue activamente apoyado por el gran pensador comunista Gyorgy Lukacs? ¿Si incluso la Primavera de Praga fue saludada y guiada por el no menos generoso dirigente comunista Alexander Dubcek? Y tantos y tantos comunistas perseguidos o fusilados por Stalin, ¿tendremos que considerarlos también nosotros (en tanto que habrían sido perseguidos y fusilados por la "ideología comunista") enemigos del comunismo, como los consideraba Stalin?
Pero -decíamos- otros denegadores del comunismo no podrían en ningún caso exponerse a la sospecha, diría Gramsci, de transformismo, ni siquiera inconsciente, si su secundar a los ignorantes o a los intolerantes fuese dictado por la mala conciencia o por la necesidad de hacer perder el rastro de su propio pasado: si fuese así, habría que avergonzarse no de ese su pasado sino de su miseria presente. El juicio sobre las acciones liberticidas, como la represión de Hungría de 1956, no puede y no debe ser contextualmente mitigado ni siquiera aduciendo otras culpas de otros sujetos o de otros tiempos.
Confesamos sin embargo que nos consolaría saber que, en otras circunstancias o en otras sedes, autorizados representantes de los pueblos y de las tradiciones europeas serían más propensas a reconocer los límites, pasados y presentes, de las políticas practicadas y predicadas desde el llamado mundo opulento. Voces malignas podrían insinuar que el muro de Berlín ha creado escuela: en la línea fronteriza que separa México de su más poderoso vecino o en la tierra palestina en la que las tres grandes religiones monoteistas deberían encontrarse y no enfrentarse. Pero más inquietante todavía es quizás el muro ideológico (ciertamente incompatible con los principios clásicos de libertad y con las máximas cristianas de la caridad, también ellas una raíz profunda de la civilización europea), ese muro que homogeneiza en una multitud interminable de cuasiparias, a escala mundial y en el seno de las propias naciones occidentales, a aquéllos que están estructuralmente excluidos del mercado, del trabajo e incluso del alimento cotidiano.
Etienne Balibar, philosophe, Université La Sorbonne, Paris
Giorgio Baratta, Presidente della International Gramsci Society-Italia, Università di Napoli “L’Orientale”
Jacques Bidet, philosophe, Directeur de la revue “Actuel Marx”, Paris
Derek Boothman, Professore di Traduzione, Università di Bologna
Giuseppe Cacciatore, Direttore del Dipartimento di Filosofia, Napoli
Carlos Nelson Coutinho, Profess. Univers. Federal Rio de Janeiro
Patrizio Esposito, fotografo e artista grafico
Dario Fo, Premio Nobel per la Letteratura
Rada Ivekovic, Professeur università, Paris
Guido Liguori, Università di Calabria e dirigente International Gramsci Society-Italia
Marina Paladini Musitelli, Professoressa di Letteratura Italiana, Università di Trieste
Alessandro Portelli, Professore nell’Università di Roma La Sapienza
Giuseppe Prestipino, Università di Siena, Presidente onorario del Centro per la Filosofia Italiana
Franca Rame, attrice, eletta nel Senato della Repubblica Italiana
Annamaria Rivera, Professore di Etnologia, Università di Bari
Rossana Rossanda, scrittrice e giornalista
Edoardo Sanguineti, poeta, critico, Professore nell’Università di Genova
Silvano Tagliagambe, Professore nell’Università di Sassari
André Tosel, Professeur de Philosophie, Université de Nice
Mario Tronti, Università di Siena, Presidente del Centro per la Riforma dello Stato
Pasquale Voza, Università di Bari, Presidente del Centro Interuniversitario per gli Studi Gramsciani
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6 Diciembre 2006
25 Noviembre 2006
(las recuerda Salvador López Arnal en su último artículo)
“El lector recordará que, hace unos años, un obrero de la UGT que tuvo que exiliarse después de la guerra civil debido a su participación en la lucha antifascista, quiso volver a España para morirse en su país, cuando estaba ya en los últimos días de su vida, debido a un cáncer terminal. La compañía española Iberia no quiso acogerle y tuvo que volar en una compañía holandesa. Al leer esa noticia no lloré porque ya he olvidado cómo se llora. Pero me indignó enormemente ese hecho, que tipificaba lo que estaba ocurriendo en nuestro país. En un país con tradición democrática, el jefe de Estado habría enviado su avión particular para recogerlo, y al ir a recibirlo al aeropuerto le habría agradecido su lucha por la democracia. Es precisamente a este obrero y a miles como él a quienes dedico este libro”
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22 Noviembre 2006
"...cuando nos detuvimos en un puesto de control afgano y resultó que los soldados apostados no sabían hablar ruso, el comandante Yuri llamó a uno de sus oficiales tayikos soviéticos para que tradujera. Mientras lo hacía, el comandante señaló al tayiko y dijo: "Musulmán". Sí, captaba. Había musulmanes en el ejército soviético. En realidad, había bastantes musulmanes en la Unión Soviética. Y sin duda en parte con eso tenía que ver toda la invasión [...]
...tenía que admitir que el comandante Yuri parecía un soldado profesional, claramente admirado por sus hombres, y, en la crisis en la que no tardaríamos en vernos envueltos, se comportó con calma y eficacia [...] ¿Qué pensaba, me preguntó, de la señora Thatcher? Le expliqué que en Gran Bretaña se tenían opiniones diferentes acerca de nuestra primera ministra -prudentemente me abstuve de dar la mía-, pero que se permitía sostenerlas con entera libertad. Dije que el presidente Carter no era el hombre malvado que se describía en la prensa de Moscú.
El comandante Yuri me escuchó en silencio. ¿Y qué opinaba él del presidente Brezhnev? Sonreí de oreja a oreja. Yo sabía lo que él tenía que decir. Y también él. Sacudió la cabeza con una sonrisa. "Creo -dijo lentamente- que el camarada Brezhnev es un muy buen hombre." El comandante Yuri era un hombre instruido. Conocía a Tolstoi y admiraba la música de Shostakovich, sobre todo la sinfonía Leningrado, pero cuando le pregunté si había leído a Aleksander Solzhenitsin, sacudió la cabeza y golpeó la funda de su pistola.
"Esto -dijo- , es para Solzhenitsin."
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21 Octubre 2006
de Kaosenlared
El pasado 4 de mayo fallecía repentinamente después de habrer estado practicando atletismo, Boris Miháilovich Gunko, poeta, comunista y ardiente luchador.. Durante todos estos años de " reformas " y "democracia ", siempre estuvo al lado del pueblo ruso en su combate contra la restauración capitalista.
Fue uno de los fundadores del Partido Comunista Obrero Ruso, editor de los periódicos Rusia Obrera y Dubinínskaya.
También organizó durante años mítines y piquetes en defensa del Mausoleo Lenin, el cual las autoridades rusas querían retirar de la Plaza Roja.
Participó actívamente en los sangrientos sucesos de otoño 1993, cuando Yeltsin disolvió por la fuerza el Parlamento asesinando a 2000 personas en las calles de Moscú, Boris Miháilovich también estaba el 1 de mayo de ese mismo año en la manifestación obrera reprimida de manera sangrienta.
Siempre se encontraba en primera linea de la lucha popular, leyendo sus apasionados poemas en los mítines. Editó tres libros: "Poemas selectos" ( dividido en tres partes, "Rusia está a la espera", "Democracia de ladrones "y " Nosotros " ), así como sus " Poemas perversos" y otra obra titulada "Revolución y Amor". Todas fueron publicadas en la prensa comunista y de izquierda rusas, en ediciones de " Molnia ", " Rusia Obrera ", Mysl " y otras.
Su poesía inspiró a cantautores que versionaron sus poemas de resistencia anticapitalista y patriótica. Dirigía el estudio artístico "Soyuz" " en el que se celebraban conciertos, recitales poéticos y sesiones de música clasica, la cual amaba profúndamente, el local estaba en la calle Kharitónov.
El corazón de nuestro camarada dejó de latir, pero sus poemas encendidos, llenos de coraje y fe en la lucha popular permanecerán siempre entre nosotros.
He aquí unos versos suyos:
" Vosotros, los que hoy sois crucificados y encarcelados.
Yo me conjuro con todo lo que es querido y sagrado en vuestras vidas.
Salvad al país !.
Como en 1917 y 1941.
A pesar de la muerte, la infamia y la mentira,
debeis ser de nuevo ejemplo de legendarios bolcheviques.
Vosotros que llevasteis nuestro poder, desde el arado al alto cielo,
vosotros que sois la conciencia y la gloria.
Comunistas, salvad al país !.
Solo vosotros sois capaces de hacerlo.
O vosotros, o el camino hacia la nada.
O Rusia se alza con vosotros o será esclava para siempre.
Levantad vuestras banderas que la lucha no ha terminado, ni un paso atrás !.
El carbonizado y sangrante Stalingrado os llama de nuevo a ser protagonistas de la hazaña.
Las bombas caen con su metálico sonido otra vez,
y los lamentos flotan sobre la Tierra de nuevo, lamentos que os dicen
Comunistas, salvad a nuestro pueblo ! "
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